• 17-Ago-2018
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“La sociedad y el Estado les niega el deseo a los adultos mayores”

Este jueves a las 16:00, el Defensor de la Tercera Edad, Eugenio Semino, disertará en la Asociación de Jubilados sobre los derechos humanos de los adultos mayores en el marco de la una serie de charlas que organiza la dirección del Hogar San José. Lee la entrevista de Martina Dentella para "Cuatro Palabras"

 

  “La sociedad y el Estado les niega el deseo a los adultos mayores”

Por Martina Dentella

Este jueves a las 16:00, el Defensor de la Tercera Edad, Eugenio Semino, disertará en la Asociación de Jubilados sobre los derechos humanos de los adultos mayores en el marco de la una serie de charlas que organiza la dirección del Hogar San José. En su oficina de la Defensoría del Pueblo, habló con Cuatro Palabras de cómo los Estados a lo largo de la historia - y la sociedad misma- ocultó y oculta a la vejez, eso a lo que nadie aspira. Por otra, parte dio su visión sobre el rol de las instituciones, cómo se reorganizan hoy las tareas de cuidado y de la importancia de visibilizar el deseo en los adultos mayores, de reconocerlos como sujetos y como potenciales consumidores que podrían -con salud en el cuerpo y plata en el bolsillo- activar la economía. 

¿Cuál es tu labor como defensor de la tercera edad?

Soy Defensor del Pueblo de la Tercera Edad desde hace veinticinco años y anteriormente fui Director general y Capacidad de la Tercera Edad en Buenos Aires cuando retomamos la vida democrática, y hubo que recomponer todo lo que tenía que ver con el trabajo social. 

Muchos de los asilos públicos que se habían hecho en el 78 o 79 fueron con una mentalidad militar, como parte de los esquemas de la dictadura.

El autoritario de turno lo que trata de buscar es que no varíen las condiciones para que no haya progresividad en los cambios sociales ni reclamos. 

Esto ha pasado así en la historia del mundo y acá se repitió. Con lo cual, en aquel momento se desactivaron grandes hospitales, como por ejemplo el Rawson, que era un hospital grande que pertenecía a la ciudad de Buenos Aires desde la guerra del Paraguay, de 1865, y hicieron asilos que actuaban de muros para meter allí lo que no queremos que la gente vea. Es así que en el 84, lo que encontramos tras esos muros fue lo que todavía no se sabe aún de la dictadura y de lo cual no se habla. Se habla sí -y afortunadamente la sociedad lo repudió- del destino de quienes éramos jóvenes en aquella época que tenía que ver con la desaparición, la muerte, la cárcel, el exilio, pero con los viejos nunca supimos qué había pasado. Y en realidad había ocurrido precisamente que en esos asilos encerraban a supuestos “viejos indigentes”, que habían sido militantes, políticos sindicales y sociales de otra época, viejos socialistas, anarquistas, peronistas, de una gama enorme. Ellos habían atravesado por otros procesos políticos anteriores de cárcel, exilio, persecución, porque desde hace muchos años vivimos bajo dictaduras permanentes, interrumpidos por cortas transiciones de estado de derecho y solo después del 83 se empezó a vivir en un esquema de democracia formal estable. La concepción que se tenía en esa época, era que no iba a haber cambio social si se mataba a los motoristas del cambio, a los que accionaban, es decir, a los jóvenes, y si se cortaba la polea de transmisión de la memoria social que alimenta a ese sector. De ahí, que lo que aparecía como una obra benéfica, terminaba siendo parte de una invisibilización sobre el adulto mayor y esta conducta si bien -hemos logrado transformar muchas cosas- hoy sigue siendo la de nuestra sociedad. 

¿Qué ha pasado con los estados democráticos? 

Se hicieron muchos avances, no los necesarios, pero nos ayudaron los movimientos políticos y sociales de estas décadas, más allá de los espacios político partidarios. En realidad hoy seguimos hablando -lo hizo este gobierno, y los anteriores también- de la necesidad de reformas estructurales en la seguridad social. Sin embargo las leyes vigentes son las leyes de Cavallo del 93’. Si a cualquier político actual en campaña electoral le ponés una foto de Cavallo al lado sale corriendo, sin embargo las leyes 24.241 y la 24.463 son las mismas. Lo que vemos es que aquí el viejo axioma de la dictadura pervivió en muchas de las conductas sociales y de la política. Estamos en una sociedad donde el viejo siempre es otro. 

¿Cómo se resignan las tareas de cuidado en una sociedad en permanente cambio? ¿Por quienes deberían pasar esas tareas?

Hay cuestiones estructurales de las que debiera encargarse el Estado, y otras que las tenemos que ir haciendo los ciudadanos de a pie en la medida de nuestras posibilidades. La Defensoría que nos tocó fundar, tiene que ver con un organismo de garantía que trata de equiparar la desigualdad en cuanto a lo que es el derecho del sujeto y la estructura de gobierno. Cada uno de nosotros es muy pequeño respecto de esas estructuras y sobre todo si sos segregado por la edad. 

Lo que tenemos que ver, primero es lo reivindicativo, que no es solo en términos económicos, pero es uno de los elementos a tener en cuenta. A cualquiera que le pregunten si puede vivir con ocho mil pesos te va a decir que no. Sin embargo hay jubilados que viven con menos. 

¿Por qué creés que la sociedad no acompaña este reclamo? 

No nos hacemos cargo de lo que llevamos dentro, que es un viejo. Hay un momento del día que es terrible. Es cuando te levantás, prendés la luz, vas al baño y hay alguien en la historia que se encargó de poner espejos en los botiquines. Y te mirás descarnadamente como sos. Y te desesperan las primeras canas, las primeras arrugas y te sentís ajado. Y todo eso tiene que ver con la cultura. Queremos ser como somos ahora para siempre. Y esto es patológico, porque somos una sociedad que no acepta el envejecimiento y si no aceptas el envejecimiento aceptas la alternativa, que es la muerte. Entonces eso que se ve excluido en la sociedad (los mayores), es lo que vos no querés ser. No querés ser viejo porque no querés ser pobre, no querés ser asexuado, no querés ser discriminado, con lo cual nada te impide agarrar el auto a 200 km por hora previo tomarte una botella de whisky, porque la vida termina siendo hoy. 

¿Cuál es el rol de las instituciones? 

Los niveles de internación geriátrico son bajos en Argentina. Tal vez en sociedades más rurales como Chacabuco el fenómeno social no es de las características de grandes ciudades porque a veces convivimos mucho más con nuestros males y hacemos un acting de la vida cotidiana. Uno de los grandes temas es que la familia nuclear que han conocido generaciones anteriores, ya no lo es. Hoy hay familias ensambladas y aquella familia hacía concebir que los cuidados estaban siempre a cargo de una mujer, uno de los grandes sojuzgamiento de las mujeres, una de las grandes discriminaciones. 

Esto, que aparece como normal, se ve en los viejos de la generación de inmigrantes de nuestros ancestros que hoy le temen a la internación, “me matás” te dicen, y los Estados aprovechan de esto para hacerse los boludos. 

Tenemos que reconceptualizar lo que son los cuidados, porque aparte hay otra característica, y es que a nosotros la jubilación se nos convierte en un rifle sanitario, porque si gano 20, me jubilo y empiezo a ganar 10 y entonces, -si los tengo- saco los ahorros para pagar el alquiler, expensas y si no tengo, en cuatro o cinco meses me destruyo. 

Y hay algo más grave, a veces los funcionarios te dicen “bueno, tienen hijos que los pueden bancar”, y para alguien que laburó 30 o 40 años y que no es incapaz, y que la biología te permite 20 años más de vida plena, es mortal, es tan grave que tu hijo te tenga que llenar la heladera de alimentos o te tenga que dar guita, como no tener esos alimentos. Pero esto andá a explicárselo a los políticos. Al día de hoy no podemos instalar la carrera de gerontología porque no es tomada en serio. 

 

Más allá de explicarlo a la política, ¿no creés que si el reclamo se levanta desde la sociedad eventualmente la política tiene que dar respuestas?

La política es permeable a los humores sociales. Por eso lo grave es que esté naturalizado socialmente. Al Congreso habré ido doscientas veces, te invitan y te miran como a las vacas del otro lado del alambrado, con cara de nada. Están esperando que te vayas. 

Siempre haces hincapié en la importancia en dejar de pensar a los jubilados como variables del ajuste para empezar a pensarlos como potenciales consumidores. Los adultos mayores pueden mover la economía pero el estado no se los permite. 

Es la clave, cuando uno dice esto no te lo toman en serio. Hay muchos proclives a tener una mirada benefactora, decir “pobre viejito”, hay que atenderlo como minusválido social. La beneficencia solo satisface al que la da. Acá se instaló como una política. En una ciudad pequeña, la relación es más cara cara y la sociedad conoce a Juan que vivió ahí toda su vida, en cambio en estas ciudades, no se sabe cuántos viejos hay en las instituciones, si tienen familiares, nadie los visita. 

Revertir esto es decisivo, tenemos que convencer - y lo he hablado con economistas- que la beneficencia está bien, que la haga el que quiera pero debe estar la política de estado. El viejo es un fenomenal activador de las economías, porque quién se jubila tiene disponibilidad de tiempo, no tiene hijos que criar, ni ir a laburar todos los días, entonces debe armar un proyecto de vida nuevo, pero para eso debe tener salud en el cuerpo y plata en el bolsillo. Dos cosas que nuestra sociedad les niega. 

¿Cuáles son los derechos humanos de los adultos mayores?

Los derechos sociales, económicos y el acceso a la salud, que son los más esenciales. Y sobre todo, el reconocimiento de la condición de sujeto, y el reconocimiento de los deseos. Para más allá de ser parte de un colectivo, poder desear libremente y satisfacer esos deseos. Yo quiero hacer cosas que un viejo de mi edad no quiere o quiere hacer otras. Cuando tomamos los hogares después de la dictadura, funcionaban las cosas militarmente, a las 07:00 a levantarse, a las 12:00 a comer, y así. Hicimos un lío, porque como todo destape implica una revolución. Dijimos “acá el valor es la libertad”, entonces fue un bolonqui, rompimos las reglas.

Se negaba el desarrollo a los deseos del sujeto. Hay dos seres que en nuestra sociedad no tienen sexo: los ángeles y los viejos. Los ángeles no les importa, a los viejos sí y esa negación de la sexualidad y la sensualidad es tremenda, porque se reduce sexualidad a genitalidad y esto es precisamente lo que distorsiona al propio concepto. La sensualidad tiene que ver con el deseo. 

Negarles el deseo lo que hace, es encorsetarlos en una masa, y a su vez le sirve a los Estados para no tomarlos en consideración para el desarrollo de la economía. La negación del deseo genera enfermedad, y nosotros no tenemos políticas de salud, tenemos políticas de enfermedad, porque a su vez los laboratorios financian a la política. No podes comer bien, no te podés divertir, no podés comprarle el regalo a tus nietos, y eso es insalubre. 

Nosotros decimos que esta persona que dispone de tiempo es un fenomenal objeto de consumo, porque está probado en el mundo, y esto genera trabajo, impuestos, y hace mover la economía. 

¿Cómo nos podemos conectar con los abuelos que sufren enfermedades psiquiátricas? 

El primer tema es hablar de salud. Freud decía que los elementos centrales para mantener la salud eran trabajar y amar. Todos esperaban una respuesta compleja y él dio la más obvia. Esos mismos son los elementos con los que hay que trabajar previo a las enfermedades. 

Hoy como problemática, no hay diagnósticos concretos. Y el problema central es que la enfermedad mental la sufre el paciente y la padece la familia. 

Tenemos que animarnos a no ser políticamente correctos ni simpáticos. Sino lo que hacemos es cristalizar esa situación de injusticia y que el paciente sufra y la familia más. Lo ideal es armar programas que contengan diversas situaciones, si vos tenés como único programa la internación geriátrica, le reducís las posibilidades enormemente. En el mundo hay hogar de día o noche, talleres, atención domiciliaria, y una gama de opciones antes de llegar a la internación que no tiene por qué ser mala en sí. Hay muchos adultos que se recomponen en un geriátrico, la familia cree que va a estar bien estando solo en su casa, y son las culpas, los seres humanos somos gregarios, reconstituimos la familia sustituta rápidamente, para el que ve de afuera a veces es difícil de entender el vínculo entre una cuidadora y el viejo, porque de repente le levantó la voz y el viejo le revoleó un zapato, pero así son las familias. Nada se dice, nada se cambia, pero las realidades podrían ser muchísimas.


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