• 01-Mar-2021
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Edadismo: la falta de vacunas es un acto de discriminación hacia las personas mayores

Dr. Eugenio Semino – ADULTO MAYOR

Ya vimos a las más altas autoridades prometiendo millones de vacunas para una fecha que se iba corriendo en cada anuncio, como el pico de la pandemia. Ya vimos a la clase gobernante vacunando a sus amigos y allegados, montando operativos inocultables y sin ningún tipo de lógica por fuera del amiguismo o el favor para los que “son del palo”. Ya vimos las imágenes de jóvenes de menos de treinta sonriendo mientras recibían la vacuna para una enfermedad que afecta de manera grave a los mayores de sesenta. Ya vimos a los políticos opositores aprovechando la siutación. Y ya oímos, de parte de los oficialistas, las justificaciones o intentos de atenuar la situación. Lo que todavía no vimos, y no hay indicios que vayamos a ver en el urgente corto plazo, es la vacuna para todos los millones de personas que somos realmente vulnerables al Covid-19.

En términos objetivos esto implica una violación de los derechos humanos de las personas mayores y una franca discriminación de ese sector de la sociedad. Independientemente de que se diga o se pretenda otra cosa, los hechos muestran un claro caso de edadismo, es decir de discriminación por edad, de proporciones colosales, dado que se aplica a todas las personas mayores de la sociedad argentina que no tienen vinculación con el poder. Comprobar esto en el Día de la Cero Discriminación, según lo proclamó la ONU para el 1 de marzo, resulta tristemente paradójico.

Las autoridades deberían llamarse a silencio sobre este tema hasta que no tengan la certeza de conseguir una cantidad importante de vacunas antes de la llegada del invierno. No hay declaración que valga, no importa si tal o cual político o periodista estuvo mal o peor en “saltearse la cola” o en hacer tal o cual declaración. No importa lo que diga el Código Penal al respecto. O en todo caso le importará a quien esté afectado. Pero a la sociedad como conjunto y al sector particular de las personas mayores lo que nos importa es saber cuándo vamos a recibir la vacuna. Es la única forma que tiene el gobierno de demostrar que su política no es de exclusión y privación de derechos del sector más vulnerable a la enfermedad.

Cuanto más tiempo pase entre el momento en que se comience a inmunizar a la población de riesgo y el bochorno del vacunatorio VIP, más va a crecer la indignación de la gente. Más pesadas se van a hacer las imágenes de los jóvenes vacunados a medida que vayan subiendo los contagios y las muertes. Cada vacuna aplicada a alguien que no la necesita con urgencia es una sentencia en suspenso para quien la necesita verdaramente. A medida que esas sentencias se vayan ejecutando la responsabilidad de quienes permitieron la situación va a quedar más en evidencia ante toda la sociedad.

Al pasar por encima del orden de prevalencia establecido con criterios epidemiológicos aceptados en todo el mundo, al reemplazar ciencia por clientelismo, el gobierno logró politizar la situación sanitaria en una medida imprevista. Y la oposición lo va a utilizar con el oportunismo característico de quien intenta hacer pasar los defectos ajenos como méritos propios.

En el medio queda atrapado el sector más vulnerable de la sociedad, cuyo sufrimiento se convierte en moneda de cambio en el mercado de la política. Con la llegada del frío las personas mayores nos vamos a ver literalmente segregadas en nuestros domicilios. No nos va a quedar otra opción. Mientras que otros sectores podrán continuar con sus actividades, especialmente los que ya están vacunados.

Era en nombre de la protección a las personas mayores que las autoridades justificaban, mes tras mes, la extensión indefinida de la cuarentena. Y ahora parece que somos los últimos de la lista para recibir la vacuna. Es preciso movilizar todos los recursos disponibles para encontrar una solución, sin distinciones de banderas ni intereses.

Mil veces se invocó la metáfora del esfuerzo de guerra para que la sociedad respetara las medidas de aislamiento. Los adultos mayores no estamos dispuestos a ofrecernos como vícitimas de esa metáfora. No nos vamos a quedar de brazos cruzados, ni vamos a aceptar ser discriminados como si fueramos descartables. Son los dirigentes quienes tienen ahora que demostrar que están a la altura del esfuerzo requerido. En caso contrario que sean ellos víctimas de su propia metáfora y acepten el destino histórico de quienes pierden la guerra.

El tiempo no se detiene ni corre en reversa. Cada día que pasa estamos más cerca del invierno.


 

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