• 02-Nov-2020
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El dólar, la Anses y la devaluación del futuro

Por Eugenio Semino

La semana pasada fue título durante varios días la baja del dólar blue gracias a la venta de bonos realizada por el gobierno. Los argentinos y argentinas, tal vez el pueblo del mundo más acostumbrado a convivir con términos de macroeconomía cuyos significados e implicancias se desconocen parcial o totalmente, podíamos respirar aliviados. Con cada peso que baja el dólar nos alejamos un milímetro de la tan temida y conocida devaluación.

El Fondo de Garantía de Sustentabilidad (FGS) de Anses salió al ring para achicar la distancia entre el dólar oficial, ese al que cada vez menos se puede acceder, y el paralelo, ese que todos los funcionarios de economía de los últimos cincuenta años dijeron que no importa. Para ello los bonos del fondo se vendieron atados a la cotización del dólar, generando así un negocio más que tentador para los compradores y un problema no menor para el Estado en el futuro próximo.

No es la primera ni será la última vez que el Fondo de Garantía y Sustentabilidad se utiliza de esta manera. A pesar de su nombre, desde que fue creado, el fondo nunca se utilizó para dar ningún tipo de garantía ni sustentabilidad a quienes son teóricamente sus beneficiarios, es decir jubilados y jubiladas de Anses. Parece ser que el hecho de que más de cuatro millones de jubilados cobren una mínima de $18.120 con una canasta básica de $49.614, se considera lo suficientemente sustentable como para utilizar los fondos que deberían auxiliar al sistema en otros menesteres.

La historia argentina reciente, y no tanto, podría contarse y comprenderse a partir de los usos que los distintos gobiernos han hecho de los fondos de la previsión social. Ya sea para intervenir en el mercado cambiario y evitar el desastre o para auxiliar a otros sectores de la sociedad de acuerdo a los intereses políticos del momento. De este modo la Argentina de la urgencia permanente se fue comiendo todo tipo de previsión posible, al punto tal de que lo único más devaluado que nuestra moneda es la palabra futuro.

Para entender de lo que estamos hablando, dejemos por un momento de lado la gran masa de jubilados con la mínima. Imaginemos la situación de alguien que esté por encima de ese nivel. Imaginemos un jubilado que cobra $25.000 de jubilación, tiene casa propia y además un departamento que alquila y le da una renta de $20.000. Aún ese jubilado se encuentra por debajo de la canasta básica. Ahora imaginemos que ese jubilado cobra el doble de la mínima, estaría sólo $6626 por encima de la canasta. Ni hablar de tener una existencia holgada ni de aportar al consumo que la economía tanto necesita, aún teniendo un ingreso por fuera de la jubilación. Esta es la situación de más de siete millones de argentinos, alrededor del 15% de la población total. Este es el pozo que fuimos cavando para evitar tantos abismos.

Hasta la fecha ningún gobierno se planteó la gravedad estructural del problema. Argentina es un país en el que no vale la pena envejecer, las consecuencias de esta certeza se ven a diario: la violencia, la falta de proyectos de vida, la búsqueda del camino rápido, la desesperación, la fuga. Sin proyección de futuro el presente se hace abismo, sin importar lo que se haga para evitarlo.


 

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