• 01-Oct-2020
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El tema  de los mayores  no cierra...

Una reflexión en torno al Día Internacional de los Adultos Mayores y el Día del Jubilado y de la Jubilada. - Por Roberto Orden

Hoy es el Día Internacional de los Adultos Mayores y la semana pasada se cumplió del Día del Jubilado y de la Jubilada. Por la redes hubo y habrá muchas salutaciones para los integrantes de este colectivo poblacional.

También aparecieron y aparecerán mensajes haciendo votos para el reconocimiento de sus derechos.

En la pandemia del Covid 19, los mayores fuimos el grupo etario más expuesto a sus potenciales daños, por esa razón se nos indujo a permanecer en casa, manteniendo el mal llamado distanciamiento social que nosotros aprendimos a re-definir como distanciamiento físico.

Pese a ello la mayor prevalencia de las muertes se produjo entre las personas mayores.

Con independencia de ello, muchos de los que cursamos esta etapa sufrimos distintas patologías (en su gran mayoría crónicas) las  que nos llevan a restringir nuestros movimientos y desplazamientos, perjudicando nuestra accesibilidad a distintas prestaciones, bienes y servicios.

Por otra parte  los haberes previsionales  recibieron  un recorte, definido por este Gobierno, antes que diera comienzo la Pandemia y con el antecedente que el Gobierno anterior también hizo lo propio. 

Todo esto se vió coloreado con distintas actitudes seguidas por el Gobierno Nacional y las administraciones locales  invocando intenciones de cuidar a los mayores.

Esta situación nos llevó  a re-valorizar el lugar que ocupamos dentro de la sociedad y de nuestras casas, la imposibilidad de recorrer el afuera nos hizo mirar el adentro familiar y al mismo tiempo muchos de nosotros empezamos a manejar tecnologías virtuales, que hasta ese momento nos eran desconocidas, para comunicarnos con los otros.

La situación sanitaria en estos tiempos cursa por uno de sus momentos más agudos, que los expertos definen como el pico y nos cuesta mucho imaginar que la solución se encuentre a la vuelta de la esquina.

Aislados y  limitados por factores sanitarios y económicos estamos en un espacio diferenciado del resto de la sociedad y más allá del Covid somos el grupo que tiene los días contados por su devenir evolutivo.

No creemos que ocupamos un espacio ideal (utópico) porque no nos sentimos en una situación privilegiada por los supuestos cuidados del afuera, ni tampoco ocupamos un lugar distópico ni simpsoniano, dado que no estamos narcolépticos ni ajenos a la realidad.

Al decir del filósofo Michel Foucault habitamos una heterotopía (lugar otro o contra lugar)  dado que convivimos con el resto de la sociedad, pero podemos contraer el coronavirus y también contagiar a otros sectores.

Debemos reconocer que venimos siendo  aislados, de múltiples maneras,  porque nuestra carga viral no es solo la de los microorganismos,  sino porque ponemos en evidencia una de las tantas crisis y fracasos de nuestra sociedad.

La misma que no sabe que hacer con nosotros, quienes no formamos parte de la agenda de sus decisores porque no somos esenciales sino descartables.

Lo viejo, entonces puede contagiar,  lo que  es denostado y aterrador desde la mirada disciplinante del adulto joven (en general varón), aquella que no puede aceptar  testimonios del espejo que adelanta.

La heterotopía del colectivo de los mayores ocupa ese lugar,  junto a los otros espacios,  pero también denuncia la falta de respuestas conducentes (sanitarias, previsionales,  y socio-culturales) para este sector, que curiosamente es el que viene aumentando exponencialmente en los últimos censos. 

Re-valorizar nuestro lugar lleva a mostrarlo y como consecuencia a intentar cambiarlo.

La vida de toda personas mayor IMPORTA


 

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