• 25-Feb-2022
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Es el Estado el que tiene que demostrar que sigue vivo

Por Dr. Eugenio Semino - Defensor de la Tercera Edad - Pte. de la Sociedad Iberoamericana de Gerontología y Geriatría (SIGG)

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La fe de vida o supervivencia requerida por Anses y sus bancos contratados para que los jubilados o pensionados puedan cobrar es una nueva forma de abuso y maltrato para con aquellos a quienes no se les paga lo necesario para poder subsistir. El Estado y sus instituciones tienen que comprender que se encuentran en falta con respecto a los derechos de las personas mayores. En ese contexto, anunciar nuevas obligaciones y trabas burocráticas para acceder a una jubilación de miseria es indignante. 

 

Tener que demostrar que uno está vivo para acceder a un derecho es una forma de depositar en los ciudadanos una tarea que le correspondería realizar al propio sistema. No es verosímil que en pleno siglo XXI un Estado carezca de las herramientas necesarias para cruzar datos y mantener actualizado un padrón. Una defunción ingresa en una base de datos que tiene que ser cruzada con otra base de datos. Es tan simple como eso. Toda la tecnología desarrollada durante los últimos treinta años permite hacerlo de manera automática.

 

El pedido de fe de vida es una confesión de inutilidad por parte de un Estado que no puede resolver las tareas más sencillas, es el síntoma de una decadencia institucional que no deja de agravarse. No son las personas mayores quienes tienen que demostrar que siguen vivas, es el Estado el que tiene que dar pruebas de que sigue vivo y que no se ahogó en su propia ineficiencia.


 

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