• 17-Feb-2021
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Hay que detener la clientelización de la vacuna

Eugenio Semino  - Defensor de la Tercera Edad – Presidente de la Sociedad Iberoamericana de Gerontología y Geriatría (SIGG)

 

En las últimas semanas empezaron a aparecer diversas noticias y denuncias sobre la aplicación de vacunas a personas que no forman parte de los grupos asignados para recibirla. En algunos casos se trata de funcionarios o de allegados a los mismos que publican en las redes que han recibido la vacuna y hasta agradecen la gestión de quien se la consiguió.

Ante semejante disparate es preciso recordar, la sociedad toda debe hacerlo dado que las autoridades parecen incapaces, que existe un protocolo establecido por la OMS y aplicado por el Ministerio de Salud de la Nación en el que se establece el orden de prioridad para recibir la vacuna. Ese orden de prioridades está armado de acuerdo a un criterio epidemiológico que es necesario respetar. No es un capricho o una formalidad cuyo incumplimiento no acarrea consecuencias.

La vacuna está llegando, pero lo está haciendo de a poco. Todo indica que durante los próximos meses, largos meses, vamos a estar recibiendo entregas parciales que necesitarán ser distribuidas racionalmente, para poder inmunizar a la mayor cantidad de población de riesgo antes de la llegada del invierno.

Si en lugar de seguir el plan establecido de vacunación las dosis se distribuyen de acuerdo a los amiguismos, clientelismos e intereses políticos, repartiendo entre los propios y escatimando a los ajenos, va a ser imposible llevar adelante una estrategia racional. A la carencia le vamos a sumar el caos y vamos a llegar al invierno en una situación que no va a hacer la diferencia con el año anterior.

Esto es tan evidente que no debería ser dicho. Pero lo que se necesita es que esté vacunada la población de riesgo, aplicar vacunas a gente que no la necesita no solamente no sirve sino que retrasa un proceso que ya de por sí va a ser muy largo. La vacuna que hoy se la da el amigo treintañero del intendente X no la recibe la persona de ochenta que hace un año está encerrada en su casa.

Cuanto menores son los recursos mayor tiene que ser la racionalidad con la que se aplican. Y más estrictos tienen que ser los controles para que esa racionalidad se cumpla y más duras las penas para quien no lo haga. No es posible que en Argentina suban a las redes sociales lo que en España y Perú fue un escándalo que motivó la renuncia de altos funcionarios del gobierno, el ejército y la iglesia.

Se debería pedir la renuncia de todos los funcionarios que se saltearon el protocolo. No solamente porque violaron la confianza pública sino porque pusieron en riesgo la vida de quienes, perteneciendo a la población de riesgo, tienen que seguir esperando de manera indefinida.

No se puede gestionar la política de salud durante una pandemia con los vicios del clientelismo político. La vacuna no es un favor. La mayor parte de las personas que la necesitan no tienen vínculos con el mundo político, no son amigos de intendentes o punteros. Son simplemente quienes tienen mayores posibilidades de morir si contraen la enfermedad. Hacer de esto un negocio o una ventaja es el síntoma de una enfermedad social mucho peor, y a la larga mucho más dañina, que el Covid-19.


 

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