• 02-Ago-2022
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La paradoja del Superministro

Por Dr. Eugenio Semino - Defensor de la Tercera Edad - Pte. de la Sociedad Iberoamericana de Gerontología y Geriatría (SIGG)

 

Son muchas las paradojas que atraviesan a nuestro país pero hay una en particular que se encuentra clavada en el centro de los desvelos económicos y sociales que padecemos desde hace décadas. Es la paradoja del sistema previsional argentino. Por motivos particulares esa paradoja va a tener en las próximas semanas una intensidad y un carácter casi teatrales.

 

La cuestión es la siguiente: de acuerdo a lo que ha trascendido en los medios, ver por ejemplo el artículo de Carlos Pagni en la Nación (https://www.lanacion.com.ar/lnmas/la-operacion-massa-mito-y-realidad-nid02082022/), uno de los puntos cruciales que demanda el Fondo Monetario Internacional consiste en “licuar las jubilaciones”. Desde la perspectiva del organismo de crédito, el sistema previsional, tal como está funcionando, hace imposible cumplir con los objetivos necesarios para alcanzar la sustentabilidad del  Estado argentino. 

 

Del otro lado, en cambio, tenemos la realidad que todos conocemos. Las jubilaciones, no solo las mínimas, están muy por debajo de lo que necesita un jubilado para poder vivir. Y es importante remarcar que no hablamos ya de “tener una vida digna”, sino simplemente de vivir en el sentido biológico del término. Una jubilación mínima apenas si alcanza a cubrir las necesidades alimentarias de una persona. 

 

En ese contexto, la frase “licuar las jubilaciones” parece salida de otro planeta. ¿A quién se le ocurre que se pueden “licuar” ingresos que, en el caso de las mínimas, representan un tercio de la Canasta de Necesidades Básicas del Jubilado? Ese es, sin embargo, el dilema que enfrenta nuestro país. 

 

Dejemos de lado por un momento las caracterizaciones sobre la insensibilidad del Fondo Monetario. El hecho objetivo es que nuestro país tiene un vínculo con dicho organismo y que nuestra economía depende de las negociaciones, discusiones, rechazos y acuerdos que nuestros gobernantes lleven a cabo con el mismo.  Sea cual sea la decisión que se tome, o que no se tome, lo que no se puede negar es que el problema de las jubilaciones no es un problema solamente de los jubilados, sino que afecta directamente a la estructura económica de toda la sociedad. 

 

La situación actual tiene que llevar a plantearnos la siguiente pregunta: ¿Cómo construimos un sistema previsional que es insustentable para el propio Estado y que, al mismo tiempo, es insuficiente para cubrir las necesidades mínimas de sus beneficiarios? 

 

Desde el punto de vista histórico no existe una sola respuesta para esa pregunta. No hay un momento específico, una decisión mal tomada, a la que podamos atribuir el problema de manera directa. Llegamos a esta situación por sostener una conducta cortoplacista y oportunista que a lo largo de los años fue acumulando problemas y desaprovechando oportunidades, emperchando las grietas, arreglando lo que no estaba roto y cambiando las reglas de acuerdo a intereses e ideologías ajenas a las necesidades del sistema y sus beneficiarios. 

 

La misma expresión “sistema previsional argentino” se ha convertido en un oxímoron. Si hay algo que hemos demostrado no tener los argentinos es capacidad de previsión. Que nuestro sistema de jubilaciones sea un desastre no es un hecho azaroso, es la consecuencia de nuestra cultura política, de nuestro modo de concebir la organización de una sociedad. Es por ello que el problema debería interpelarnos más allá de la situación actual, que por otro lado no tiene nada de nuevo sino que es la última expresión de un problema recurrente y estructural. 

 

Si no realizamos ese ejercicio colectivo de reflexión sobre el tema, si no asumimos que aquí hay una discusión de fondo y de largo plazo que estamos obligados a dar, dentro de cinco o diez años, cuando volvamos a pedirle plata al Fondo y éste nos vuelva a pedir que licuemos las jubilaciones vamos a volver a escuchar las mismas cosas, dichas por los mismos dirigentes, o sus hijos, vamos volver a tener las mismas reacciones y vamos a volver a ver cómo se licúan, de un modo u otro, las jubilaciones. No hay nada en la historia de los últimos cincuenta años que nos permita anticipar otra cosa. Siendo razonables, lo único que podemos prever es que no vamos a tener nada previsto. 

 

La paradoja del Superministro es un fenómeno que nos permite intuir que esto va a ser efectivamente así, y que la discusión en profundidad sobre el tema nunca se va a dar. La política argentina realiza un constante desfile circular que parece no tener fin. En ese desfile, quien asume en las próximas horas como flamante Ministro de Economía, quien tendrá que lidiar con el problema de las jubilaciones aquí descripto, es la misma persona que, varios años atrás, como titular de la ANSES, orquestó una de las políticas más perjudiciales para la sustentabilidad del sistema previsional, cuando se hizo ingresar en el mismo a una masa de beneficiarios por moratoria. 

 

Dicha decisión se tomó y se ejecutó sin ningún tipo de cálculo más allá de la conveniencia política inmediata. En lugar de discutir cómo iba a hacer el Estado para financiar la inclusión se terminó por perjudicar a toda la escala, haciendo que los viejos jubilados pagaran por los nuevos. Y por milésima vez lo que podía haber sido una buena medida terminó por tener resultados desastrosos. Esas son las jubilaciones que hoy el Fondo Monetario Internacional exige licuar.

 

Y que efectivamente serán licuadas, esa es otra previsión que la historia nos habilita a realizar. Con una inflación desmesurada como la que tenemos es fácil realizar la maniobra sin anunciarla. Los haberes se van retrasando cada vez más con respecto a la inflación, cada tanto se otorga un bono para disimular, se realizan un par de anuncios plagados de cifras y porcentajes confusos y, al final del día, cuando se contrastan los números, se comprueba lo evidente, los jubilados y jubiladas se hunden cada vez más en la miseria.

 

Es con la intención de salir de esta conducta circular y autodestructiva, que nos empobrece un poco más en cada vuelta, que proponemos tanto al sistema político como a la comunidad en su conjunto que se establezca la discusión de largo plazo sobre el sistema previsional como una prioridad. Es necesario fijar como objetivo la equiparación de las jubilaciones mínimas al nivel de la Canasta Básica del Jubilado, y elevar de manera proporcional el resto de la escala. Y hay que discutir cómo se financia ese sistema, teniendo en cuenta que el beneficio del jubilado redunda en un beneficio para toda la economía, puesto que el dinero que se le otorga vuelve a circular mediante el consumo. 

 

Es necesario cambiar el concepto que se tiene del jubilado como alguien a quien mantener, para empezar a verlo como alguien que puede contribuir, y mucho, a la circulación de la riqueza en toda la sociedad. Nada de esto es una utopía, es el modo en que funciona el sistema en decenas de países reales que dejaron de creer en los superhéroes. 


 

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