• 24-Ene-2018
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Liberalismo y Soledad.

“El drama que aún aflige a muchos hombres y mujeres de nuestro tiempo  es que vive la paradoja de un mundo globalizado en el que vemos tantas casas de lujo y edificios de gran altura, pero cada vez menos calor de hogar y de familia” (Papa Francisco). Un artículo del Lic. Juan Sebastián Sultani, politólogo UBA.

Liberalismo y Soledad.

 

“El drama que aún aflige a muchos hombres y mujeres de nuestro tiempo  es que vive la paradoja de un mundo globalizado en el que vemos tantas casas de lujo y edificios de gran altura, pero cada vez menos calor de hogar y de familia” (Papa Francisco).

 

Una de las consecuencias desfavorables que ha provocado el dogmatismo del liberalismo en el último tiempo es la soledad;  eso lo saben muy bien los franceses a quienes en el año 2003 se le han muerto 5.000 jubilados por la comunión de esa razón, el calor y la deshidratación. (El País, 18/08/2003).

 

Ahora también, como si fuese una noticia circular, ha llegado a Gran Bretaña. En ese  país donde la  "Dama de Hiierro”, Margaret Thatcher,  ha dicho por ejemplo que "no existe eso de la sociedad. Hay individuos, hombres y mujeres, y hay familias”  ni siquiera pueden contar con demasiadas familias para contener los adultos mayores.

 

Casi 30 años después de sus políticas y a 5 años de su muerte, la nueva primer ministra, Theresa May,  tomó nota que en su país existen 8 millones de personas que viven solas, de las cuales hay 2 millones que  son mayores de 75 años (Infobae, 17/01/2017). En consecuencia el pragmatismo de su gobierno ha resuelto crear una secretaría para esta problemática a cargo de su actual Secretaria de Deportes y Sociedad Civil. En ese sentido, se podría decir que en realidad se está combatiendo el síntoma y no la enfermedad, pero lo real es que ha puesto en agenda mundial una cuestión que no se estaba problematizando y que irá en aumento  con el tiempo.

 

Dicho esto, ¿Qué podríamos apuntar sobre esta cuestión en nuestro país y más precisamente sobre la ciudad donde vivimos? Las ideas neoliberales, como se sabe, han sido puestas en funcionamiento de manera brutal durante la última dictadura militar  y se han profundizado post caída del muro de Berlín y el consenso de Washington durante los años ´90.  

 

En nuestra Ciudad Autónoma de Buenos Aires este tipo de políticas han sido puestas en funcionamiento con mayor ímpetu y su descripción demográfica puede ser un buen ejemplo de sus consecuencias. En efecto, según la Encuesta Anual de Hogares de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires del año 2016 los hogares unipersonales constituyen más de un tercio del total y en algunas comunas más envejecidas este porcentaje aumenta a casi la mitad de la población (Comunas 2, 13 y 14). A esa situación hay que sumarle, lo que fundamentalmente nos interesa aquí: un 21%  de esos casos son Adultos Mayores.

 

En este sentido, se entiende que las consecuencias de esa política liberal económica y social ha llevado a que menos familias puedan contener a los actuales Adultos Mayores. Agregando que un país periférico como el nuestro es más vulnerable a la soledad en la Tercera Edad que en los países centrales dado, por ejemplo, que existen 3 millones de jubilados que no pueden cubrir ni siquiera  el 40% de la canasta básica elaborada por la Dirección de Tercera Edad de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.  

 

Por esas razones tanto sociales como económicas, los jubilados del país y de esta ciudad realizan trámites interminables en “soledad” para poder ser “acompañados” por Auxiliares Gerontológicos Domiciliarios,  ser internados en geriátricos, o a lo sumo obtener subsidios habitacionales a través del Instituto Nacional de Servicios Sociales para Jubilados y Pensionados (PAMI) a fin de contrarrestar el sometimiento de la pobreza en soledad.

 

En esa espiral que aumenta con el paso del tiempo y la falta de reacción por parte del Estado y la Sociedad actual, se van anudando y amontonando los jubilados, sin  que se tome las propuestas de especialistas cuando sugieren la realización de un pacto social que redefina el financiamiento del Sistema de Seguridad Social que pueda garantizar la buena calidad de vida y la libertad de elección de hombres y mujeres a lo largo de toda su vida.

 

Mientras tanto, el sistema continuará cubriendo esta fractura social con parches asistenciales  pero el desangre seguirá y el descarte  de los viejos seguirá inevitable hasta tanto no se invierta la ecuación poniendo el capital al servicio del hombre.

 

 

Lic. Juan Sebastián Sultani (Politólogo, UBA)


https://elpais.com/diario/2003/08/18/internacional/1061157609_850215.html

 

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