• 30-Nov-2020
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Lo que el gobierno anunció es un descuento en marzo de 2021

Por Eugenio Semino - Defensor de la Tercera Edad

El anunciado aumento del 5% en el mes de diciembre era ya de por sí agraviante para los jubilados y jubiladas de la Argentina. Hay que tener en cuenta que, en el caso de las mínimas, el aumento corresponde a unos 900 pesos para gente que está cobrando 18.000 pesos, mucho menos de un café por día para quienes que están lejos de cubrir las necesidades de su canasta básica.

A eso se agrega, como se explicó en varias notas periodísticas estos últimos días, que según el artículo 6 del proyecto de cambio de fórmula de movilidad, el reajuste de los 5 puntos de diciembre es a cuenta del reajuste de marzo. Es decir que si en marzo correspondería reajustar 10 puntos, se terminará por reajustar 5.

Como si esto fuera poco, resulta del análisis del proyecto, que se produce un empalme en el pasaje de un año a otro, al establecer que el aumento de diciembre se considere dentro del cálculo semestral que se realizará para marzo de 2021. La consecuencia de esto es que desaparece el aumento correspondiente a un trimestre, porque queda absorbido en el siguiente período.

Más que un aumento en diciembre de 2020, lo que el gobierno anunció es un descuento en marzo 2021. La medida es tan aberrante que está despertando críticas de representantes cercanos al propio gobierno.

Más allá de lo obvia indignación ante la miseria a la que el gobierno condena al sector más golpeado por la pandemia, lo que surge es una serie de preguntas que se vuelven cada vez más acuciantes, y que van más allá de este aumento, de este gobieno y también del sector de los jubilados y jubiladas.

¿Cómo se recupera la economía del país si una parte cada vez más importante de la población va siendo hundida en la pobreza? ¿Cómo se reactiva el consumo si cada vez hay menos consumidores? ¿Cómo salen adelante las familias si, además de todos los problemas económicos que tienen, también tienen que hacerse cargo de ayudar a sus padres y abuelos?

La situación del sistema previsional llegó a un punto de decadencia tan grande que ya no afecta solamente a quienes reciben los haberes. Es un problema que afecta a toda la sociedad.

Cada vez que se anuncian recortes como si fueran beneficios, cada vez que se le saca un pedacito más al haber jubilatorio, la sociedad en su conjunto se hace menos sustentable. Y es por eso que lo que se necesita, más allá de discusiones puntuales y técnicas, es que la sociedad en su conjunto asuma como propia esta problemática. No hay otra manera de modificar el accionar de nuestros gobernantes, sin importar de qué partido sean.


 

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