• 22-Oct-2020
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Los cuidados a lo largo de una vida, contribución a una discusión impostergable

Por Roberto Orden

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A modo de resumen: 

 

La problemática de los cuidados enfrenta cuestiones cruciales, la tipificación ocupacional y la organización de la oferta laboral de sus trabajadores, un financiamiento sustentable legitimado  y la calidad de los servicios.

Este trabajo consta de dos partes, la primera escrita en primera persona, en la que procuro  hablar  desde lo íntimo  de mi historia. Y la segunda donde apelo al impersonal,  con la aspiración de inundarme en lo colectivo, para ser uno más… 

 

La historia dicha en primera persona alumbra algunos porqué...

Los avatares del Instituto Nacional de Servicios Sociales para Jubilados y Pensionados (PAMI) marcaron no solo mi recorrido laboral (ingresé en el año 1975) sino también una profusión de sucesos y acontecimientos que transformaron los destinos en nuestro país de una parte muy importante de los adultos mayores así como también mi vida.

En el año 1979 decido dejar una jefatura administrativa de un distrito del PAMI del conurbano bonaerense, accediendo a la reducción de mi sueldo, para trabajar como psicólogo en el Programa de Residencias Propias del Instituto.

Dicho Programa no era un modelo de nada y sobre todo en esas épocas de oscurantismo político. Sobre un total de seis establecimientos, las residencias con más de cien ocupantes fueron emplazadas sobre la estructura de pretéritos hoteles alojamiento. En una de ellas anteriormente llamada La Rana cuando era un  albergue transitorio, tuve mi iniciación profesional, verdadero bautismo de fuego como gerontopsicólogo.

Debo reconocer que dicha experiencia tuvo la gran virtud de motivarme para buscar saber cada día un poco más sobre los adultos mayores.

A ello se sumó casi mágicamente  un encuentro vespertino mantenido con Mario Strejilevich en una casa de la calle Bulnes en la CABA ante la invitación que me formulara una colega más experimentada, donde quedé vivamente impresionado por  sus conocimientos gerontológicos y por su generosidad intelectual.

Con antelación a dicha anécdota, y a principios de los 70 con la creación del INSSJP (Pami) y el Programa de Atención del Tercer Nivel de Atención que llevaba como consultor principal al Dr. Mario Strejilevich (uno de los referentes inexcusables   de la Gerontología en nuestro país),  quedó establecido  en el horizonte geriátrico-gerontológico la aparición de la figura de  los auxiliares geriátricos que estaban distribuidos en los distintos Distritos de PAMI Capital, abocados a la atención personalizada de “cuidados” de bajísima complejidad sanitaria, orientada a afiliados con algún grado de dependencia psicofísica y sin condiciones para afrontar el pago de ese personal de modo privado.

Estos trabajadores sin capacitación previa en la materia tenían relación de dependencia con PAMI pero su ubicación con el advenimiento de la Dictadura se tornó cada vez más conflictiva dado que pasaron de depender de los Servicios Sociales locales a los Servicios Distritales de Enfermería y finalmente desaparecieron durante los ochenta.

Muchas de las prestaciones sociales  años ligadas a la asistencia de los afiliados a nivel domiciliario, con problemas de dependencia, tomaron el formato de asignaciones monetarias (subsidios) para la contratación de dichos servicios. Para esa misma época el Dr. Hugo Valderrama generaba cursos de capacitación en la Provincia de Santa Fe para “cuidadores gerontológicos”.

A poco de iniciados los 90,  me toca coordinar en Pami  un Equipo de Investigación y Planificación de Proyectos Alternativos a la institucionalización geriátrica.

Con el afán de recabar experiencias replicables para el INSJJP en estas temáticas,  tuve la  oportunidad de conocer al Dr. Eugenio Semino quien como Director de Tercera Edad de la CABA impulsaba la formación de cuidadores y otros proyectos alternativos como los primeros centros de día.

El azar y el destino me cruzaron con la persona que influyó decisivamente en mi formación en el campo de los derechos humanos de los mayores

Tuve que esperar algunos años para que el Pami en el año 1993 desarrollara su propio modelo de Formación de Auxiliares Gerontológicos Domiciliarios, colaborando con esa iniciativa desde la Jefatura de la División de Programas Sociomédicos de la Subgerencia Social del Instituto.  Para esa misma época, desde la nombrada División también impulsamos el Primer Programa de Casa de Medio Camino (hostal) financiado por una Obra Social.

A través de un Convenio con  la Subsecretaría de Formación Profesional del Ministerio de Trabajo de la Nación, logramos  la Tipificación Ocupacional de los Auxiliares Gerontológicos Domiciliarios formados por el PAMI, otorgada a través de una gran cantidad de cursos dictados en distintas dependencias del PAMI de todo el País, que estaban acreditados por dicho Ministerio con un número de registro oficial y específico de dicha Dependencia.

Los docentes eran, en todos los casos, profesionales de aquilatada experiencia en el PAMI los que a su vez habían recibido una capacitación del Ministerio nombrado  que los acreditaba como Instructores Profesionales con el excelente aporte de dos expertas pedagogas del INSSJP, Miriam Dandan y Liana Petri, garantes estratégicas del Programa de Atención Domiciliaria del PAMI. 

En esa época comenzamos a trabajar la viabilidad para que los egresados pudieran  conformar Empresas Sociales con el fin ulterior de ser efectores de servicios del INSSJP. Esta idea suponía articular en un mismo eje programático y sinérgico la capacitación de los RRHH, con la generación de efectores de servicios sumando a ello la cobertura para los afiliados, a través de  prestaciones de última generación, superadoras de la institucionalización y con reaseguros de calidad.

Este desarrollo no se vio tronchado por la impericia dado que sobraba capacitación en los equipos profesionales actuantes, sino por la situación obrante en el país y en el PAMI como consecuencia de ello. El Gobierno del Dr. Menem avanzaba con el proyecto privatista del INSSJP, los prestadores geriátricos no querían que creciera el proyecto de atención domiciliaria y el Ministerio de Desarrollo Social quería hegemonizar el proyecto de cuidadores del que nunca pudo trascender la etapa de capacitación y registro de RRHH.

Luego aparecieron los retiros masivos del personal del INSSJP en especial, privilegiando aquellos casos de los que  tenían más experiencia, sumado a un status testimonial  del Programa de Atención Domiciliaria junto con el loteo que hicieron los Gremios de algunos sectores del INSSJP, a modo de digestores de RRHH para facilitar  el camino a la privatización.

Contra viento y mareo, se pudo evitar la partición del PAMI en cuatro redes conformadas por gerenciadoras privadas, a través de una providencial acción cautelar  ante la Justicia, encarada por quien en ese momento ya era, el Ombudsman de la Tercera Edad de la Ciudad de Buenos Aires Eugenio Semino.

Con la ola privatista y ante la desafectación de mis anteriores tareas durante un largo año, tras haber sido alojado, metafóricamente detenido, en una dependencia de otra Institución sin funciones algunas,  me retiré del PAMI en el año 1997. Al poco tiempo fui contratado en el Programa Federal de Salud (PROFE) abocado a la cobertura sociosanitaria de los pensionados no contributivos.

En el año 2000, a expensas de  un gran esfuerzo realizado por un Equipo Interdisciplinario del PROFE, en la Capital de la Provincia de Corrientes, pudimos implementar un programa de capacitación de Auxiliares Gerontológicos Domiciliarios junto con el invalorable apoyo del Hospital  Geriátrico de Corrientes Capital.

En el propio proceso de capacitación hicimos la inducción para la conformación de la Primera Cooperativa de Cuidadores del País que se denominó “Luz de Vida”, la que trabajaba en base a prestaciones moduladas de cuidados según los requerimientos de los usuarios de dichos servicios y acorde con baremos de dependencia.

Pero lo más importante de dicha experiencia  es que en esa época se logró  el financiamiento de la cobertura para afiliados del PROFE, a través de los servicios de un Efector Cooperativo de prestaciones domiciliarias.

Con el paso de los años, dicha iniciativa se desmoronó en razón de los cambios institucionales del Programa Federal de Salud y también gracias a los empujones brindados por los sectores prestacionales tradicionales garantes  del statu quo. 

En el año 2002 fui seleccionado en un curso internacional para hacer una pasantía financiada por el IMSERSO español en el País Vasco a fin de hacer  un entrenamiento en programas sociosanitarios durante un mes en dicho territorio.

En el año 2003 logré reinsertarme laboralmente en el  PAMI y me aboqué a trasladar algunas ideas y conocimientos adquiridos durante mi pasantía en Europa. De esa forma surgió el primer  Manual de Cuidadores (informales) para familiares de personas mayores, con distintos grados de dependencia, donde se efectivizó  la reserva de la propiedad intelectual del proyecto para el INSSJP.

Me nombraron en el año 2004, a cargo de un departamento de Coordinación Sociosanitario recién creado en el INSSJP donde propuse (en alguno de los casos ejecuté) distintos proyectos:  comisiones sociosanitarias, programa por los derechos de las personas internadas, y centro de día para personas con trastornos neurocognitivos. Este último proyecto consensuado por una enorme mayoría de Gerencias y Sectores  del INSSJP vio desestimada su ejecución por parte de  la Dirección Ejecutiva del PAMI, invocando su inviabilidad de ser llevado a la práctica por parte de los prestadores de salud mental contratados por el Instituto.

Cabe señalar que este proyecto no delegaba centralmente, en ese sector prestacional la cobertura para este tipo de pacientes, que requería de otro tipo de abordaje de mayor complejidad. Hecho que  determinó la presentación de mi renuncia al cargo y a los  adicionales por las funciones cumplidas, con mi consiguiente  pedido de pase a una agencia barrial del  PAMI, para cumplir tareas de terreno, como psicólogo, a lo mejor tratando emular al barquero de Siddartha, (Hermann Hesse) poniéndome al servicio de acompañar a los mayores de una orilla a la otra, hasta mi reciente jubilación. 

 

Mi vida estuvo rodeada de cuidados de otras personas que me inculcaron una cierta capacidad de miramiento hacia los que están en situación de indefensión. Luego entendí que siempre deben preservarse los derechos de los involucrados en las relaciones  de cuidados. También cultivé la necesidad de criticar, para mejorar lo que hemos venido haciendo en esta materia. 

 

Las historias que se deben entrelazar y los para qué de los cuidados…

Hoy, con la pandemia todavía lamiendo los talones de los argentinos, la existencia de un crecimiento exponencial de la pobreza, el desempleo y un parate económico descomunal, vuelven a sonar los clarines de las políticas públicas de cuidados.

Surge entonces la obligación de opinar críticamente, teniendo en las alforjas algunos argumentos y sobre todo experiencias de tantos recorridos en la temática  de los cuidados,  sin  pretender tampoco, agotar este complejo campo de problemas.

Resulta necesario señalar algunos puntos críticos para contribuir a un debate inexcusable frente a la sociedad y ante los mayores en particular:

  • El hecho social y sanitario trágico de la pandemia, puso inexorablemente  sobre el tapete,  la urgencia   de generar mejoras en  las ofertas para los  distintos momentos que cursan las personas mayores. La gravedad de esta crisis, ha causado ajustes con  pérdidas en sus haberes previsionales, lo que  no admite remiendos cosméticos frente a las complejas situaciones atravesadas por muchísimos mayores y por sus familiares convivientes. 
  • El desempleo y la consecuente sobreoferta de subsidios para amortiguar su impacto conllevan un efecto paradojal en los presupuestos oficiales, máxime que el Gobierno se encuentra negociando mejores condiciones ante los Organismos Crediticios Internacionales, lo que lo fuerza a ordenar sus finanzas.
  • Las políticas de cuidados aparecen como una de las herramientas para  enderezar esta problemática, a través de la promoción  de verdaderos y legítimos yacimientos laborales, en este caso centrados en el cuidado  de niños y de mayores con niveles de dependencia de terceros.
  • Resulta bastante equívoco que estas iniciativas vengan de la mano de la planificación hegemónica del Ministerio de Desarrollo Social abocado a la provisión de planes sociales con escasa visualización (por ahora) del rol a cumplir por el Ministerio de Trabajo. Esto en el pasado estancó la mejora en la oferta, cobertura útil, calidad  y legitimación de este tipo de actividades.
  • También se divulgan una serie de ideas sueltas, anticipando su implementación en comunidades vulnerables y también que en su gestión puedan participar las Organizaciones Sociales como se anuncia con los planes de construcción de viviendas populares.
  • En el plano de las políticas de la Seguridad Social (ampliada) deben converger aspectos que hagan a la educación, salud, trabajo y previsión social.
  • Si no se asumen diagnósticos de complejidad, las intervenciones entre gallos y medias noches estarán sesgadas por su elementalidad.
  • Los problemas de los sectores poblacionales blanco de estas políticas de cuidados, son de tal naturaleza, que demandan el desencadenamiento de procesos y debates ampliados.
  • Dichos debates requieren de consensos no solo ideológicos, sino también éticos y técnicos, para proveer al fortalecimiento de las capacidades institucionales y organizativas de los actores que las van a asumir,  de esa forma  llegar al frente externo con las sinergias y fortalezas necesarias para desarrollar las ofertas programáticas. Nunca deben iniciarse las acciones partiendo de ofertas difusas y con bajos niveles de viabilidad. Hoy lo que trasciende parece exacerbar el eje mediático de la difusión de las actividades de cuidados. 
  • La problemática de los cuidados no puede quedar confinada a un ámbito o sector social determinado (como ser las comunidades vulnerables) porque encierra una doble trampa. Oculta el carácter extendido y poblacional del problema y por otra parte oferta servicios de indefectiblemente baja calidad para sectores pauperizados, como ha ocurrido en otros campos de la salud, la educación y el trabajo.
  • Un política efectiva en esta materia no puede quedar circusncripta a  apriorizar el trabajo de  grupos vulnerables y pretender identificar dicha limitante con una discriminación positiva. Por el contrario la oferta debe proveer  servicios para todos los grupos que quieran hacer uso de ellos con distintos accesos y puertas de ingreso pero garantizando niveles homogéneos en los atributos y niveles de la calidad de atención.
  • No sería deseable que los Movimientos Sociales puedan  concentrar la organización ni la oferta de estos servicios de atención domiciliaria, por el contrario deben erigirse como uno de los actores que hacen viable su implementación junto con otras organizaciones, públicas, privadas y del sector social. El bienestar general debe estar por encima de los intereses sectoriales.
  • Los  estándares de calidad en las relaciones laborales de los que se desempeñen en el ámbito de los cuidados deben estar indisolublemente articulados con los niveles de eficacia, eficiencia, efectividad, equidad y  aceptabilidad  de las prestaciones y servicios brindadas a los mayores con algún grado de dependencia.
  • Estos programas deben resguardar con similar celo a trabajadores como a los beneficiarios de los programas de atención. 
  • A mano alzada  pueden plantearse algunos aspectos que se erigen como cuellos de botella para el desarrollo de este tipo de programas, a saber:

 

  1. El claro despejamiento del campo sociosanitario inherente a los cuidados de personas con enfermedades crónicas. El que demanda acciones integradas y desvanece las tendencias médicas tradicionalmente hegemónicas, cuál es la actual tendencia de ofertar costosas  internaciones domiciliarias para situaciones que deben ser encaradas con otra complejidad de servicios. 
  2. La profesionalización de las tareas. Con una mayor y mejor especificación de su campo de intervención, de su tipificación ocupacional y de su requerimientos de capacitación inicial y continua.
  3. La imprescindible organización de las ofertas de servicios con la necesaria flexibilidad de adaptar su formato organizativo a distintas situaciones considerando desde el modelo PYME al de la Cooperativa  de Servicios toda vez que favorezcan la calidad de atención y la promoción  de trabajos de calidad a través de los modelos más acordes y con ventajas impositivas diferenciales
  4. La necesidad de trabajar e incorporar durante la capacitación aspectos ligados con el agrupamiento de los trabajadores, el  afianzamiento de capacidades organizativas  y hasta en el apoyo de habilidades administrativas y en la gestión de distintas formas de empresas blanqueadas impositivamente.
  5. La problemática de superposición del campo profesional de los cuidadores con otros trabajadores y técnicos del sector (auxiliares de enfermería, acompañantes terapéuticos, auxiliares de educación para ciertas tareas, etc) debiéndose establecer parámetros de convergencia y diferenciación  en sus campos de trabajo, incluso concertando con los colegios profesionales y/o representantes de estos otros colectivos.
  6. La instalación  de acciones de integración costo-efectivas en pos de articular la capacitación con el ejercicio laboral en un continuo coherente, desencadenando acciones sinérgicas  y que favorezcan las modernas teorías de las auditorías de intenciones (anticipando los problemas antes de que ocurran). 
  7. La fusión imprescindible de acciones en favor de la perspectiva de género en correspondencia con  la perspectiva de envejecimiento 
  8. La postulación y promoción de una suerte de EMPRENDIMIENTOS DE INTERES SOCIAL ESTRATÉGICO EISE con avales  normativos que garanticen actividades humano-dependientes , en correspondencia con los cambios socio-demográficos.  
  • Se va recortando como eje aglutinador la necesidad de una Ley para un Sistema Nacional Integrado de Cuidados, incluyendo múltiples  actividades centradas en los cuidados, que para el caso de los mayores contemple: las internaciones de larga estadía, las tareas de los  cuidados domiciliarios (su profesionalización y su financiamiento), el acompañamiento terapéutico, los recursos alternativos a la institucionalización, apoyos varios y prestaciones dinerarias a los familiares, que hoy sufren la mayor de las incertidumbres y de las desesperanzas por la des-gracia de  tener a sus mayores, con distintos grados de dependencia y  a la deriva.

 

El cuidado implica  el re-conocimiento de ser una parte del todo…

Hoy más que nunca,  los cuidados  hacen a una agenda de toda la sociedad

Roberto Orden


 

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