• 15-Ene-2022
  • ARTICULOS
Nuestros problemas no están en el Caribe

Eugenio Semino para Infobae

El organismo estuvo intervenido durante el 85% de su historia. Con cada gestión el deterioro aumenta, las prestaciones se hacen cada vez más ineficientes, el caos administrativo y los consecuentes negociados se van haciendo más descarados

 

Por más polémicas e indignantes que resulten las imágenes de las vacaciones caribeñas de los actuales interventores del PAMI, lo cierto es que el acontecimiento no es más que una anécdota de las tantas que brinda la clase política argentina. Es preciso salir del comentario indignado sobre la noticia del momento para ver con un poco más de perspectiva qué es lo que hay detrás. Los funcionarios y funcionarias pasan pero las instituciones quedan. Y son éstas las que deberían importarnos porque de ellas dependen las garantías de nuestros derechos.

 

En este caso, si hablamos del PAMI, nos remontamos a una historia que comienza en 1971, con la creación del Instituto Nacional de Servicios Sociales para Jubilados y Pensionados, el PAMI era originalmente un programa de asistencia médica integral dentro de dicho instituto, que se basaba en el modelo de asistencia integral desarrollado por Ramón Carrillo en los cincuenta y Arturo Oñativia en los sesenta.

 

Es importante tener en cuenta que la ley establecía que el instituto era un ente público no estatal, es decir con autonomía con respecto al Estado y a los diferentes gobiernos. Su manejo debía estar a cargo de un directorio integrado por trabajadores activos, jubilados y representantes del Estado. Ese directorio debía tomar las decisiones correspondientes de acuerdo a las necesidades del propio organismo, por fuera de los intereses de los gobiernos de turno.

 

Es un síntoma del problema estructural que tiene la Argentina con respecto a su cultura política el hecho de que esto no haya ocurrido casi nunca. A lo largo de sus cinco décadas de existencia el PAMI estuvo intervenido durante el 85% del tiempo. Quienes veranean hoy en el Caribe no son miembros de un directorio sino interventores nombrados por el Poder Ejecutivo, y lo mismo vale para sus numerosos antecesores durante los distintos gobiernos.

 

Esto hace que en los hechos el PAMI se vea sometido a un sistema de decisiones prácticamente imperial, en el que el interventor hace y deshace a su antojo. Es como si el PAMI hubiese sido creado para ser intervenido, haciendo que la excepción se convierta en regla y quedando a disposición permanente de los deseos y necesidades de quien gobierna.

 

La interminable sucesión de interventores a lo largo de los años fue generando un deterioro creciente del organismo. Para dar una idea de la magnitud del problema, podemos recordar que en 2004 el presidente Néstor Kirchner creó por decreto la Comisión de Control, Seguimiento y Auditoría del PAMI. Dicha comisión fue creada porque el caos administrativo del organismo era tan grande que no era posible saber nada sobre los movimientos de dinero que se realizaban. No había balances ni registros coherentes de pagos. Había prestadores a lo que se les había pagado tres veces la misma deuda y otros a los que no se les había pagado nunca. Tengamos en cuenta que el PAMI es nada más y nada menos que el cuarto presupuesto del país.

 

La comisión estaba integrada por Leandro Despouy por la Auditoría General de la Nación, Alberto Iribarne de la Sindicatura General de la Nación, Eduardo Mondino como Defensor del Pueblo de la Nación y quien escribe como Defensor de la Tercera Edad. A pesar de los esfuerzos realizados ni siquiera se logró armar una auditoría de corte para fijar un punto de partida a partir del cual ordenar el organismo. Y la comisión se terminó extinguiendo porque se consideró que era de cumplimiento imposible la misión que había fijado el decreto presidencial.

 

Éste es el panorama que hay que tener en cuenta para comprender que la discusión sobre las vacaciones de un par de funcionarios es parte del juego de los grupos de poder. Cuando el tema sea olvidado el sistema hará sus recambios y los grupos internos de la fuerza que gobierna se disputarán el control de la institución. Se nombrará un nuevo interventor o interventora y los actuales responsables del organismo, lejos de la atención pública, podrán veranear donde quieran.

 

Mientras tanto la decadencia del PAMI continuará su curso. Porque con cada intervención el deterioro aumenta, las prestaciones se hacen cada vez más ineficientes, el caos administrativo y los consecuentes negociados se van haciendo más descarados. El deterioro no es un estado fijo, no es una meseta, es una declinación que va haciéndose cada vez más pronunciada. Y en este caso estamos hablando de un organismo del que dependen la salud y la vida de millones de personas.

 

No es un cambio de funcionarios lo que va a revertir la situación. No va a venir un interventor que “haga las cosas bien” o que se tome vacaciones en Santa Teresita. Para resolver la situación del PAMI es necesario dar un debate público sobre el sistema de prestaciones actual, discutir abiertamente qué prestaciones no se están dando (la mayoría), por qué no se dan y qué costos se están pagando. Y exigir la normalización del organismo de acuerdo a lo establecido por la ley que todos los gobiernos hasta ahora violaron. Si esta ley no es adecuada entonces que se lleve el tema al Congreso y que se discuta una nueva ley.

 

Nada de esto será llevado a cabo por el sistema político si no hay una presión social que se lo demande. Es responsabilidad de quienes tenemos la posibilidad de llegar a la opinión pública plantear estas cuestiones. Las vacaciones de privilegio de los funcionarios son la contracara de la miseria y la desatención en la que viven la mayor parte de los jubilados en nuestro país. Si no solucionamos lo que está podrido en el medio vamos a seguir teniendo cada vez más de ambos.


https://www.infobae.com/opinion/2022/01/15/nuestros-problemas-no-estan-en-el-caribe/

 

Dejenos su comentario