• 04-Abr-2017
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Sociobiología de la pobreza y la salud

 

Por Leonardo Strejilevich

 

La sociobiología es un campo científico que investiga las bases biológicas de las conductas sociales de los animales incluyendo los humanos como la cooperación, la agresión, la territorialidad, los sistemas sociales y la elección de pareja. La sociobiología intenta ampliar el concepto de selección natural a los sistemas sociales y a la conducta social de los seres humanos. Desarrollo, para una comunidad humana, es progresar, crecer económica, social, cultural o políticamente hacia mejores niveles de calidad de vida.

La riqueza, el poder o la posición social son recursos escasos, y algunos grupos los tienen en mayor medida que otros. Para no perder su posición dominante los grupos privilegiados utilizan a veces una violencia extrema o una violencia soterrada e indiferente contra los demás.

El dinero ya no es la calidad y la cantidad de los metales y las piedras preciosas, la posesión de la tierra o la cantidad en metálico que llevamos en el bolsillo. El dinero es cada vez más electrónico y se almacena en los ordenadores de los bancos del mundo. El valor de cualquier cantidad de dinero que tengamos en el bolsillo además de su poder de compra está determinado por las actividades de los operadores bursátiles de los mercados monetarios. Estos mercados se han creado en los ú1timos diez o quince años y nacen de la unión entre la informática y las comunicaciones por satélite.

Los datos estadísticos de la Argentina del segundo semestre de 2016, señalan que tres de cada diez habitantes del país viven en hogares cuyos ingresos no alcanzan para comprar determinados bienes y servicios básicos (son personas pobres), en tanto que 6 de cada 100 personas no acceden siquiera a los alimentos más necesarios (además de pobres, son indigentes).

Las calorías estimadas que necesita un varón adulto es 2750.  La cantidad de pan es de 6,75 kilos mensuales; la de arroz, 1,2 kilos; la de hortalizas, de 5,73 kilos y la de frutas, de 4,95 kilos.  Se mantiene actualmente la cantidad de carnes y se redujeron los gramos requeridos de yerba, galletitas dulces, café y papas. El número total de productos de la canasta se elevó de 50 a 57.

La canasta básica así definida es, a los fines de la estadística, la de referencia y corresponde a un varón de entre 30 y 60 años: para esa población, entonces, se considera el precio total que sumen esos bienes. Para el resto, se aplican coeficientes que difieren según el sexo y la edad.

Así como la canasta de alimentos sirve para estimar la indigencia, el dato de cuánto representan los alimentos en el presupuesto familiar se agrega como un insumo para calcular la pobreza.

La realidad del mundo actual contradice la idea de que los que trabajan duro y siguen las reglas prosperan. La forma más segura de llegar a ser rico es, todavía, nacer rico.

Las desigualdades que padecen los niños por las características de su hogar, de la comunidad y de las buenas y malas compañías se prolongan hasta convertirse en las desigualdades con las que se enfrentan en la vida adulta y muchas veces se reproducen a sí mismas en generaciones sucesivas salvo excepciones.

Muchos creen todavía que la movilidad social ascendente conduce al éxito y al bienestar. En las sociedades modernas muchos aseguran que es posible que cualquiera llegue a la cima si trabaja duro y con suficiente constancia, aunque hasta ahora las cifras indican que muy pocos lo logran. ¿Por qué es tan difícil? Aún en una sociedad casi perfecta, en la que cualquiera tuviera una probabilidad exactamente igual de alcanzar las posiciones más elevadas, sólo una pequeña minoría lo conseguiría. En la cima, el orden socio-económico está conformado como una pirámide y sólo hay unas pocas posiciones de poder, estatus o riqueza. Quienes ocupan las posiciones de poder y riqueza disponen de muchas más oportunidades para perpetuar sus ventajas y traspasarlas a su descendencia. Pueden hacer que sus hijos tengan la mejor educación posible y esto redunda en que se pueda disfrutar de una movilidad ascendente, si es que sus orígenes no son ya, de hecho, privilegiados.

Es difícil definir la pobreza.  Habitualmente se distingue entre pobreza absoluta o de subsistencia y pobreza relativa. La carencia de los requisitos básicos para mantener una existencia física saludable, es decir, alimento y cobijo suficientes para hacer posible que el cuerpo funcione de forma eficazmente suele designarse como pobreza.

Las personas que tienen más posibilidades de vivir en la pobreza son los desempleados, los que tienen empleos inseguros o a tiempo parcial, los ancianos, los enfermos e incapacitados, y los miembros de familias numerosas y/o de familias monoparentales. Cerca de la mitad de los adultos mayores pensionistas viven en la pobreza. Personas que quizá han tenido salarios bastante buenos durante su vida laboral experimentan una drástica reducción de su renta con la jubilación. Las familias monoparentales, casi todas encabezadas por mujeres, componen una proporción creciente de los pobres. El alto índice de desempleo no parece que vaya a disminuir en el futuro inmediato, y el desempleo prolongado para los cabezas de familia y para sus hijos empuja a cada vez más familias a la pobreza.

Hay una tendencia muy acusada e inequívoca hacia el aumento de la pobreza infantil; los factores más importantes en la propagación de la pobreza infantil son las altas tasas de desempleo, así como el incremento del porcentaje de empleos con salarios bajos y del número de hogares monoparentales.

Ser pobre no significa necesariamente estar hundido en la miseria. Un porcentaje muy considerable de las personas que en algún momento de su vida viven en la pobreza han disfrutado de mejores condiciones de vida anteriormente o cabe esperar que salgan de esta situación en el futuro. Sin embargo, para mucha gente es una condena de por vida, especialmente para los desempleados de larga duración.

Los indigentes o sin techo, en soledad o con sus familias, se han hecho muy visibles en las calles de las ciudades en los últimos años.

Sociología es la interpretación o elaboración teórica acerca del futuro de la sociedad o el estudio de la vida social humana, de los grupos y sociedades.

Auguste Comte (1798-1857) fue quien acuñó el término "sociología". Para Comte la sociología era la reina y pináculo de todas las demás ciencias, algo así como una teología para laicos.

Antes del advenimiento de la sociología la religión daba las respuestas a la pregunta ¿de dónde venimos y a dónde vamos?

Ciencia es la utilización de métodos sistemáticos de investigación empírica, análisis de datos, elaboración teórica y valoración lógica de argumentos para desarrollar un cuerpo de conocimiento acerca de una determinada materia.

Según esta definición, la sociología es una empresa científica que conlleva la aplicación de métodos sistemáticos de investigación empírica, el análisis de datos y la valoración de teorías según las pruebas existentes y con un argumento lógico.

Comte, Max Weber, Tocqueville, Durkheim, Marx preocupados por el estado de sus sociedades desarrollaron esta disciplina y sus principios y paradigmas se siguen utilizando en nuestros días.

El mundo actual está pletórico de cambios, marcado por profundos conflictos, tensiones y divisiones sociales, así como por la posibilidad de una guerra tras otra y por los destructivos ataques de la tecnología moderna al entorno natural. Sin embargo, tenemos posibilidades para controlar nuestro destino y mejorar nuestras vidas, cosa harto inimaginable para generaciones anteriores.

Según Durkheim, los procesos de cambio en el mundo moderno son tan rápidos e intensos que crean grandes trastornos sociales, que él vinculaba con la anomia, una sensación de falta de objetivos y de desesperación producida por la moderna vida social.

Las personas de clase trabajadora tienen, como media, un menor peso al nacer y más altas tasas de mortalidad infantil; son más bajos en la madurez, menos saludables y mueren a una edad más temprana que los que pertenecen a las clases más altas.

Muchos sociólogos tenían razón cuando afirmaban la persistencia de la pobreza en los países industrializados y en prever que se mantendrían enormes desigualdades en cuanto a la riqueza y la renta. Lo cierto es que la riqueza se concentra, relativamente, en pocas manos y la distribución de la renta sigue siendo desigual.

Las políticas asistenciales  pretenden mejorar la situación de los pobres pero han logrado resultados inciertos y de corto plazo. La gente ha llegado a depender de las limosnas de los servicios sociales y a construir una "cultura de la pobreza" alrededor de esta dependencia.

El mundo no sólo ha desmejorado sino que se ha deteriorado en los últimos años especialmente las sociedades del Tercer Mundo (el término Tercer Mundo fue acuñado por el demógrafo francés Alfred Sauvy).

Viven en la pobreza millones de personas que representan más de un cuarto de la población mundial. Alrededor de la mitad de los pobres del mundo viven en el Sudeste Asiático, en países como la India, Birmania y Camboya. Cerca de un tercio se concentran en África y el resto se encuentran en América Central y del Sur. El desempleo ha aumentado por lo que hay millones de personas sin trabajo. La deuda externa, cuyo volumen total se ha multiplicado y los pagos por esa deuda ascienden, cada año, a mucho más de las cifras que los gobiernos  emplean en sanidad y gastos sociales.

La pobreza más extrema suele encontrarse en las áreas rurales. La desnutrición, la falta de educación, la baja esperanza de vida y el número de infraviviendas suelen aumentar la presencia de enfermedades que llevan a la merma de la esperanza de vida y a la muerte temprana.

Muchos de los pobres se encuentran en zonas donde la tierra cultivable es escasa, la productividad agrícola baja y frecuentes la sequía o las inundaciones. Normalmente las mujeres están en mayor desventaja que los hombres. Tropiezan con problemas culturales, sociales y económicos que no tienen ni los varones más desfavorecidos. Por ejemplo, a menudo trabajan más horas que ellos y, si se las pagan, el salario es más bajo.  Las condiciones de vida de los pobres en el Tercer Mundo son casi inimaginables; muchas personas no tienen siquiera una vivienda permanente, aparte de refugios hechos de cartones, trozos de madera, chapas y telas plásticas, la mayoría no disponen de agua corriente, alcantarillado o electricidad.

Un nuevo rico actual tiene un aspecto parecido a éste: lleva camisas y corbatas de marca internacional, luce un reloj Cartier o Rolex, tiene un maletín Louis Vuitton, firma con una Pluma Montblanc, va a trabajar en un llamativo BMW, habla por teléfono sin parar en su teléfono portátil, siempre paga con su tarjeta American Express, viaja muy seguido a lugares importantes del mundo, tiene un piso en la ciudad y una casa en el campo.

En muchos sentidos, el mundo se ha convertido en un sistema social único. Los vínculos de interdependencia nos influyen prácticamente a todos. El sistema social no es sólo un medio en el que determinadas sociedades se desarrollan y cambian. Las relaciones sociales, políticas y económicas que traspasan las fronteras de los países condicionan de forma decisiva el destino de todos sus habitantes. El término general que denomina esta creciente interdependencia es globalización. Ninguna sociedad del mundo vive ya completamente separada de las demás e, incluso en los países más ricos, todos dependen de los productos que se traen del exterior.

El orden global está plagado de desigualdades y dividido en un mosaico de estados cuyas preocupaciones son divergentes y también comunes. A corto plazo, no parece que vaya a producirse una convergencia política que asegure un adecuada gobernabilidad ante la creciente globalización que vaya acompañada de integración política ni tampoco de la reducción de las desigualdades de riqueza y poder internacionales.

Probablemente hay pocos restaurantes en los que a la gente le gustaría comer si pudieran ver lo que pasa en la cocina, como a casi nadie le gusta acercarse a la realidad de la pobreza que es la cocina de la sociedad de bienestar.

Sólo el contacto personal con personas con minusvalía física, social y económica nos afectan de manera determinante, podemos saber lo que ocurre y así confiamos en transmitirles nuestros puntos de vista con sinceridad y acercarles las ayudas imprescindibles dentro de lo posible; la interacción cara a cara es la base principal de todas las formas de organización social, independientemente de sus dimensiones.

En la época medieval, las enfermedades principales eran de tipo infeccioso, como la tuberculosis, el cólera, la malaria y las pestes. La peste negra del siglo XVI (que se extendió con las pulgas de las ratas) mató a un cuarto de la población inglesa y devastó amplias zonas de Europa.

A pesar del prestigio que ha adquirido la medicina moderna, hasta el siglo XX los progresos en este campo no causaron más que una pequeña reducción en los índices de mortalidad. Mucho más decisivas fueron las mejoras en las condiciones de salubridad, en la nutrición, el alcantarillado y la higiene, especialmente para la disminución de los índices de mortalidad infantil. Hasta bien entrado el siglo XX los medicamentos, los avances quirúrgicos y los antibióticos no disminuyeron las cifras de mortalidad de forma significativa. El uso de los antibióticos contra las enfermedades infecciosas de tipo bacteriano se inició en los años treinta y cuarenta, mientras que las vacunas (contra la poliomielitis, por ejemplo) se desarrollaron más tarde.

Los individuos que tienen una mejor situación económica y social están, por regla general, más sanos, son más altos y fuertes y viven más que los de posición social inferior. Las diferencias son mayores respecto a la mortalidad en el primer año de vida y a la infantil en general, pero el riesgo de muerte para los más desfavorecidos es mayor que el de las clases acomodadas en cualquier edad y hay varias razones que explican esta situación. Los estratos sociales más acomodados suelen tener una dieta más rica y un mejor acceso a la atención sanitaria, por lo que es más probable que se aprovechen de estas ventajas. Las condiciones laborales también inciden directamente en la salud. Los que trabajan en oficinas y en ambientes domésticos están menos expuestos a los accidentes.

¿Cómo puede contrarrestarse la influencia de la pobreza en la salud? Una de las posibilidades son los grandes programas de educación sanitaria y de prevención de la enfermedad. Sin embargo, estos sistemas tienden a funcionar mejor entre los grupos más prósperos y con más educación y, en cualquier caso, no suelen producir más que pequeños cambios en el comportamiento. Un mejor acceso a la atención sanitaria ayudaría a moderar los estragos de esta realidad.

La única política eficiente sería combatir la pobreza en sí misma, con el fin de reducir las enormes diferencias que hay entre los ingresos de los ricos y los pobres.

 

A pesar del alto grado de riqueza de algunos países y de las enormes sumas que se gastan en las industrias sanitarias, los indicadores de salud fundamentales no son muy halagüeños y se sitúan bastante mal, por ejemplo, en la clasificación que representa las dos medidas más habituales de la salud física de una población: el promedio de esperanza de vida y la tasa de mortalidad infantil. La primera cifra es más alta en la mayoría de los países europeos y la segunda más baja. Unas de las causas de esta situación por ejemplo es que se calcula que cerca de más de 40 millones de personas en los Estados Unidos de Norteamérica no tienen seguro médico privado y que carecen prácticamente de acceso al sistema sanitario público, es decir, falta total de cobertura sanitaria donde la salud no parece ser un derecho y los medicamentos no son un bien social sino comercial.

Recordemos algunos de los tantos ejemplos. Cuando se nace, se tiene una inmadurez en el sistema nervioso, en los factores inmunológicos excepto los transferidos por la madre por vía transplacentaria durante cierto tiempo y en los sistemas enzimáticos.

La inmadurez neurológica hace que los seres humanos tengan, al momento del nacimiento y en términos de supervivencia una dependencia absoluta de la ayuda exterior. No se posee al nacimiento todas las redes neuronales complejas y éstas no tienen su dotación completa (el 80-90 % de las neuronas se forman después del nacimiento).

Se acepta que el ambiente variado y rico en estímulos desarrolla una corteza cerebral más gruesa, mejor irrigada, con neuronas de mayor tamaño, con mayor riqueza enzimática de la colinesterasa y aumento de las prolongaciones dendríticas. Hay un crecimiento, desarrollo y diferenciación de las estructuras del sistema nervioso estimulado por un ambiente enriquecido.

El crecimiento, desarrollo y maduración del cerebro infantil y las aptitudes funcionales del cerebro del adulto e incluso del adulto mayor tienen una plasticidad funcional excepcional de las estructuras nerviosas que permite el aprendizaje y que debe coincidir en todas las etapas de la vida con un adecuado ambiente físico, social, cultural y saludables aportes nutricionales.

La malnutrición fetal e infantil produce consecuencias perjudiciales permanentes en el desarrollo del cerebro humano. La fase de máximo crecimiento cerebral es un período transitorio del crecimiento de este órgano durante el cual asciende rápidamente la parte sigmoidea de la curva de crecimiento.

Los acontecimientos que tienen lugar durante esta fase tanto en el campo del desarrollo cerebral como en las funciones bioquímicas y fisiológicas, constituyen transformaciones radicales y decisivas en las que la malnutrición afecta en forma adversa, grave e irreversible al cerebro.

La fase de máximo crecimiento cerebral comienza hacia la mitad de la gestación y termina entre los 2-3 años de edad.

Durante la fase de máximo crecimiento el número total de neuronas que tendrá el adulto, el árbol dendrítico y sus conexiones sinápticas crecen y se desarrollan. En este período la malnutrición infantil moderada reduce hasta en un 40 % el número de sinapsis por neurona y este déficit persiste en el lactante pese a las correcciones realizadas en la deficiencia alimentaria.
La malnutrición no destruye el tejido nervioso sino que produce un intenso y extenso déficit cuantitativo de la población neuronal, del número de sinapsis por neurona y de la relación cuantitativa desde el punto de vista sinaptológico entre diferentes estructuras.

La malnutrición tiene un efecto deletéreo sobre la inteligencia y afecta la capacidad de aprender, la memoria, la motivación y produce alteraciones en el comportamiento social no sólo en la niñez sino también en la mayor edad (se producen trastornos neurológicos en el área cognitiva y psiquiátricos severos en las anemias por carencia de hierro, en la depresión psíquica por falta de hormona tiroidea y muchas entidades clínicas más). El grado de irreversibilidad de los cambios anormales y negativos que ocurren dependerá del momento evolutivo en que actúen y de la duración e intensidad de la injuria. La madurez química del cerebro infantil se alcanza por biosíntesis local o por el aporte de la dieta de la madre y del lactante. La malnutrición intrauterina que es una deficiente alimentación materna durante el embarazo y una malnutrición postnatal afectan sin lugar a dudas el desarrollo cerebral y disminución de la actividad enzimática; estos niños deben soportar todo tipo de discapacidades y minusvalías a futuro.

La combinación de una nutrición inadecuada y un medio ambiente social y hogareño poco estimulante traen como resultado un deterioro en las destrezas, aptitudes y habilidades, dificultades en la dicción y la lectura y un progreso deficiente o involutivo en las capacidades funcionales  aún en las actividades de la vida diaria.

La interacción entre la calidad y cantidad de los elementos nutritivos, las enfermedades que afectan la ingestión de alimentos, la presencia de infecciones y factores socioeconómicos negativos tanto antes como después del nacimiento, ejercen una profunda influencia que inducen el deterioro del cerebro y ponen en serio riesgo el presente y el futuro de los seres humanos a cualquier edad.

Durante los primeros años de vida y también en la adultez mayor, las cualidades del medio social son de vital importancia para el normal desarrollo de las personas. El desarrollo no es un proceso regular e invariable en todos y éste adviene por la sinergia establecida entre el cerebro que es una estructura biológicamente compleja y el aporte estimulante del entorno, el entorno deja su impronta en el cerebro que se prepara para lograr una comunicación adecuada con aquello que el medio le solicita.

El desarrollo psíquico depende de dos procesos complementarios: por una parte el crecimiento, el desarrollo y la maduración del cerebro y por otro lado el aprendizaje y la socialización. La maduración permite la socialización y ésta a su vez la estimula y promueve. Pues entonces, la base fundamental del desarrollo del cerebro se origina en el vientre materno y se basa en la buena nutrición maternoinfantil, la estimulación estructurada y sistemática, la aferentación permanente y temprana adecuada al momento evolutivo y el cariño, el buen trato y el respeto que todo niño y adulto mayor merecen.

 

E-mail: strejileonardo@hotmail.com


 

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