• 02-Ene-2021
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Tribulaciones de un gerontólogo devenido en viejo

Por Roberto Orden Mgster. Gerontología Social

Con tanta sangre alrededor no sé qué puedo yo pensar

Luis Alberto Spinetta-Artaud

 

Todavía pandemia de Covid19.

Todavía pandemias de pobreza, desempleo y locura.

 

Hace pocos días y como parte de mis sucesivos ritos de pasaje, para recibirme de jubilado, concurrí muy temprano, a fin de realizar un serie de determinaciones de laboratorio, a un prestador de dichos servicios, ubicado en la zona Sur de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

Para mi beneficio, dicha Institución había dispuesto la prevención de trabajar con turnos distanciados entre sí, cada quince minutos, a fin disminuir los contactos personales entre los requirentes.

Luego de una breve demora, fui atendido y al ingresar a la sala de espera me di cuenta que estaba en funcionamiento un poderoso equipo de aire acondicionado, pero que no existía ninguna forma ventilación con corriente de aire natural (hecho que tengo entendido no es recomendado en la actual epidemia).

Al salir me detuve a observar cómo se agolpaba y apretujaba mucha gente para acceder, desde temprano a los servicios sanitarios de un Hospital de la Ciudad, ubicado en las inmediaciones del laboratorio.

A fin de recuperarme del ayuno, pero también para gratificarme, me dirigí a un bar donde me dispuse a disfrutar, un café con leche y medialunas de manteca.

En dicho establecimiento el mozo que me atendió de un modo diligente, dejó de pasar un trapo al piso en el local y tomó mi pedido, no pude advertir que portara guantes para las actividades previas de limpieza.

Del repaso rápido de mis observaciones y acciones, podrían surgir algunas hipótesis para algunos estudios etnográficos y/o sociológicos, pero no dispongo de esas capacidades y tampoco creo que la rapidez de los hechos que atravesamos y co-construimos socialmente, me dan licencia para este tipo de esgrima académica.

La palabra tribulación, con la que decidí abrir este artículo, tiene que ver con la desazón, el malestar y el disgusto que sentimos todos en estos días, por los efectos de la acumulación de tantas pandemias.

Volviendo con el tema del título de este escrito, a continuación enuncio una cierta transformación de mi persona que podría ser entendida, como el pasaje de ser gerontólogo a ser viejo.

Pero, me apresuro en aclarar que ambas categorías no son excluyentes es decir que la vejez no anula en mi a la práctica gerontológica, ni viceversa.

Al respecto recuerdo que hace varios años, escribí un artículo, al que titulé Gracias Hugo… motivado en los dichos de un conocido dirigente sindical, cuando en medio de una concentración multitudinaria, señaló los valores exiguos de los haberes previsionales y designó a los receptores de los mismos como esos pobres viejos.

Viene a cuento la referencia, porque aún en ese momento, dicho dirigente, del que no voy a brindar mayores datos, ya era un adulto mayor, aunque no se asumiera como tal, a fin de no ser parte de un grupo peyorizado y desvalorizado socialmente.

Bueno apuro mis apreciaciones para no hacer extensa esta contribución que realizo desde el campo de la Gerontología Crítica.1

Los hechos relatados y supuestamente anecdóticos, tienen una cualidad hologramática2 toda vez que ponen en evidencia una de las mayores problemáticas con las que confrontamos en estos tiempos.

Me refiero a las dudas sobrevenidas sobre los alcances de las palabras y también sobre las acciones, en este caso de todos aquellos que dicen cuidar a los mayores.

A fin de no ser tan taxativo, creo que quienes dicen cuidarnos, en realidad sienten que lo hacen a su manera (de un modo atávico, vertical, patriarcal o matriarcal) pero al mismo tiempo generan con sus acciones y efectos muchos daños secundarios.

No voy a extenderme en este caso sobre la suspensión de la movilidad jubilatoria que vulnera derechos constitucionales y pactos internacionales firmados por nuestro país, ni tampoco sobre las impericias cometidas por los gobiernos nacionales, provinciales y locales en el afrontamiento de los temas de la pandemia para la población mayor.

El cuidado tiene múltiples sentidos y en este caso quiero rescatar, desde mi perspectiva, los aportes del filósofo Martin Heidegger. 3

Para este pensador alemán el cuidado es asimilable al conocimiento del ser y para ello resulta impostergable pasar de ser uno más a un ser ahí.

Asumiendo la cualidad de sujeto expuesto, develado, contextualizado en una realidad social, y a la vez con una cierta conciencia de su fragilidad, incluso de su muerte futura.

Dicho nivel de conciencia trocada en conocimiento, permite a los sujetos empuñar sus destinos y jugar sus posibilidades de vida.

Un sujeto que puede ser, también colectivo, que ocupa un lugar y sale de una anomia globalizadora.

Todo esto cuestiona la mirada tradicional del cuidado ofrecido desde arriba por otros que tienen el poder para ofrecerlo a los pobres viejos…

En este análisis a mano alzada, corresponde aludir, a la crisis de representación de que adolecemos los mayores, junto con otros sectores sociales.

La desconfianza es moneda corriente para con muchos que dicen representarnos y en ocasiones nos toman de rehenes.

La extensión y profundización de nuestra vida democrática no atañe exclusivamente a la inclusión de las minorías.

Cuando efectivamente se reducen las desigualdades profundas, las distintas formas de discriminación también se achican exponencialmente.

Lo mejor que podemos hacer como colectivo, consiste en no asumir la postura de víctimas con la que también juega una parte del sistema político, para medrar con dicha bandera.

Al igual que frente a la problemática del Covid19 importa mucho que se expliciten, las prioridades y la agenda de quienes gobiernan pero nada ganamos si nos quedamos como jugadores, con una mirada agónica, esperando alguna indicación iluminista y salvadora de quienes ven el partido desde el banco de los técnicos.

Como mayores tenemos el derecho pero también la obligación de asumir protagonismo en todos los temas que nos atañen, saliendo del acatamiento pasivo en el que nos sumieron los cultores de visiones fosilizadas del estatus quo.

Esto se aplica tanto para los cuidados a tener en cuenta frente a la Pandemia, como ante muchas otras difíciles situaciones que vivimos.

Una democratización de las instituciones de la Seguridad Social que sea incluyente, debe contemplar nuestra participación en la determinación de las prioridades y en el uso de los recursos.

Transitamos momentos de cambios civilizatorios, razón por la cual, además de contar enfermos y muertos en las peceras informativas, cabe a todos, la responsabilidad indelegable, de mejorar las condiciones socio-ambientales, renovar los pactos institucionales y gestionar las diferencias que hoy atraviesan nuestro resentido tejido social.

Los viejos y también los que trabajan con los temas del envejecimiento somos partícipes necesarios en los procesos del cuidado, oportunidad que brinda un curioso atajo para ocupar otro lugar (expuesto, comprometido y protagónico) dentro de nuestra sociedad.

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1La Gerontología Crítica comporta una posición dentro de los escritos internacionales sobre el proceso de envejecimiento, que pone en crisis los supuestos positivistas, toma muchos conceptos epistemólogicos de la Teoría de la Complejidad, la Dialéctica Negativa y plantea una planificación situacional y estratégica para este campo problemático con la participación de actores sociales organizados (sujetos colectivos).

2i Hologramatización es uno de los Principios de la complejidad y alude al hecho que la parte rememora al todo.

3Ser y Tiempo de Martin Heidegger


 

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