• 05-May-2021
  • ARTICULOS
Vacunas: lo esencial se destruye ante nuestros ojos

Dr. Eugenio Semino - Defensor de la Tercera Edad - Presidente de la Sociedad Iberoamericana de Gerontología y Geriatria

Desde que comenzó la campaña de vacunación a principios de año el Ministerio de Salud fijó un criterio claro para la priorización de grupos que deberían recibir la vacuna. Personal esencial primero, conformado por personal de salud. En la segunda etapa población de riesgo, un amplio sector de alrededor de quince millones de personas de las cuales la mitad son adultos mayores y la otra mitad personas inmunodeprimidas o con comorbilidades. Y un tercer sector conformado por personal estratégico en el que se encontraban docentes, personal de seguridad y otros. Era el mismo criterio recomendado por la Organización Mundial de la Salud, por la comunidad científica y por el sentido común.

 

Sin embargo, desde el inicio de la campaña, estamos viendo que en la práctica ocurre otra cosa. Nadie discute la prioridad de la población de riesgo a la hora de recibir la vacuna. En teoría el esquema permanece inalterado. Pero lo que se discute, se tuerce y se va modificando poco a poco, es la categoría de los esenciales. De acuerdo al poder de lobby de cada sector lo esencial se va ensanchando y va mutando. Docentes, trabajadores de un call center del Gobierno de la Provincia de Buenos Aires, distintos funcionarios de múltiples áreas y niveles de la administración pública, organizaciones sociales, sindicatos, etc. 

 

La lista potencialmente puede seguir creciendo de manera indefinida porque una vez que se comenzó con la lógica de incluir a un sector es muy difícil detenerla. ¿Por qué son esenciales unos y no otros? Cada sector se siente habilitado, con mejores o peores razones, a autodeclararse esencial, o a pasarse de la categoría de estratégicos a esenciales. Y así y se inicia una puja o una carrera para garantizarse una partida de vacunas para los propios.

 

La consecuencia de esto es que cada vez que arriba una partida de vacunas, llegan un par de cientos de miles cuando necesitamos millones, se terminan desviando porciones para uno u otro lado, de manera totalmente aleatoria. Es decir, administramos la carencia de manera caótica, haciendo mucho más grave el problema. Al día de hoy existen dos millones y medio de adultos mayores sin vacunar y unos siete millones de personas consideradas de riesgo. Esas son las personas que necesitan recibir la vacuna y que no pertenecen a ningún gremio ni organización que pueda reclamar por ellas.

 

Al flexibilizar el criterio para ser considerado esencial el gobierno legitima el sálvese quien pueda. La firmeza en la autoridad que se intenta mostrar cuando se anuncian las medidas de restricción debería aplicarse para defender el orden de prioridades. La autoridad misma del gobierno se juega en ello. ¿Cómo pedirle a una sociedad agotada que restrinja la circulación cuando se ve que por el costado pasan a vacunarse los que logran acomodarse? ¿No es preferible pertenecer a alguno de esos grupos, o hacerse pasar por tal, o tocar algún contacto que pueda habilitar una dosis, antes que quedarse en casa un año más?

 

Ante semejante despropósito es imperioso reclamar el cumplimiento estricto del orden de prioridad original. La vacunación no puede ser una moneda de cambio en el mercado de las permanentes disputas políticas y sectoriales. Si el gobierno no tiene la autoridad para garantizarlo, que sea la sociedad en su conjunto la que lo obligue a respetar sus propias reglas. De lo contrario nuestra incapacidad colectiva para definir y defender lo esencial seguirá destruyendo desde adentro a nuestra sociedad.


 

Dejenos su comentario