• 23-Mar-2021
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Vacunas: ni triunfo ni derrota

Dr. Eugenio Semino – Defensor de la Tercera Edad – Presidente de la Sociedad Iberoamericana de Gerontología y Geriatría SIGG

En Argentina hicimos con la vacuna lo mismo que hacemos siempre con todos los grandes problemas y desafios. Declaramos la victoria antes de que empezara la batalla. Las autoridades anunciaron y todavía anuncian grandes cantitades de vacunas, hablaron como si el problema ya estuviera solucionado y la sociedad escuchó y se esperanzó. Poco después, en cuanto empezaron a aparecer las dificultades que era obvio que iban a aparecer, la palabra imposible se empezó a imponer. Pasa lo mismo en todo el mundo, otros países están peor, no se puede hacer nada. La ciclotimia de pasar de un triunfo ilusorio a una derrota declarada como absoluta es característica de nuestra cultura. Y en este caso parece funcionar de manera cíclica.

Con diferencia de escasos días las autoridades nacionales pasan de anunciar que no va a haber vacunas por las dificultades que implica conseguirlas, a anunciar la potencial vacunación de toda la población de riesgo en cuarenta días. Como un péndulo que pasa de un extremo a otro, los funcionarios se esmeran por presentar como exitosa una campaña de vacunación por la cual tuvo que renunciar un mes atrás el ministro de salud. Del triunfo a la derrota y de la derrota al triunfo, sin escalas. La postal de la derrota es la foto de un joven haciendo el signo la victoria, mientras recibe una vacuna que le corresponde a una persona mayor.

No hicimos otra cosa el año pasado con la cuarentena. Mientras las cifras eran positivas, señalábamos con el dedo a los países que estaban peor para resaltar nuestro éxito. En cuanto empezó a empeorar nuestra situación nos plegamos al discurso de lo inevitable, pasó en todo el mundo, todos los países están mal, no se podía hacer nada.

Y no es solamente un problema del gobierno nacional, los gobiernos provinciales prefieren quedarse cruzados de brazos, naturalizando la derrota, esperando que el costo lo pague el gobierno nacional. A ningún líder político se le ocurre salir a pelearla, niguno tiene la ambición o lo grandeza para plantear una alternativa. Es así, no se puede hacer nada. Pero en cuanto llega una camada de vacunas aparecen todos para la foto.

El tema de la vacuna no se va a agotar. A medida que vayamos acercándonos al invierno van a ir surgiendo más titulares sobre el tema. Más casos se van a conocer de vacunados VIP, más en evidencia van a quedar el caos y la falta de criterios que reinaron desde el principio. Y más van a intentar las autoridades disimular lo evidente con anuncios y declaraciones indebidas, mostrando que se vacunó un fulano conocido para ocultar que detrás hay una fila de millones de desconocidos que esperan su turno. Si el gobierno no sale de esa lógica lo único que va a conseguir es deteriorar aún más su relación con la comunidad.

Es cierto que la vacunación se complicó en todo el mundo. Pero no todos los países reaccionan de la misma manera. Tenemos que dejar de compararnos con los países que están mal para justificarnos y empezar a compararnos con quienes lo hicieron bien para ver qué podemos aprender. Es ahora que tenemos que ver qué hiceron en otros países, qué hicieron Chile, Israel o Uruguay para lograr lo que no se puede, lo que es imposible.

Hay que dejar la retórica de lado y encarar la situación con realismo. No sólo se trata de conseguir la vacuna, sino también de optimizar el plan de vacunación, racionalizar las dosis de acuerdo a la población de riesgo, mejorar la logística, ordenar el caos, aumentar la cantidad de testeos, comunicar de una manera razonable y coherente. No se puede seguir funcionando en automático cuando es evidente que hay mucho para cambiar y mejorar.

El problema no se va a ir, no va a pasar de largo, ni va a quedar tapado por otras noticias. Ante la inminencia de la segunda ola la sociedad necesita una dirigencia que pueda leer y actuar ante la situación sin anuncios triunfalistas ni resignación ante lo inevitable, sin derrota ni victoria, menos aun cuando hay vidas en juego.


 

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