• 08-Oct-2020
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Video de la exposición de Eugenio Semino

Principales conceptos de la exposición:

 

La situación de las Personas Mayores en Argentina no puede entenderse si no se analiza el contexto general de la sociedad en la que se inserta.

 

En Argentina se ha instalado como premisa central el miedo incorporado a la vida diaria. Miedo a lo que pueda pasar con nuestros hijos y nuestros nietos, miedo a perder el trabajo, a no llegar con la jubilación más allá de la primera semana del mes, a no recibir la asistencia médica necesaria, etc.

 

El miedo es una emoción negativa que predispone a la persona a la superación de un riesgo inmediato, ya sea real o imaginario. Ese inmediatismo lleva a no poder ver el horizonte. La incertidumbre hacia el futuro es, entonces, el estado permanente de las personas.

 

Esta situación es el resultado de diversos procesos que se vienen dando en nuestra sociedad en los últimos cincuenta años.

 

Durante ese período en Argentina se han violado prácticamente todos los derechos establecidos en la Convención Interamericana sobre los Derechos de las Personas Mayores. Convención que fue impulsada por el propio Estado argentino.

 

Uno de los principios de la convención es el compromiso a la no regeresividad de los derechos. En Argentina la regresividad de los derechos se comprueba diariamente con la destrucción del haber jubilatorio, que cada vez es menor.

 

Vamos a denunciar internacionalmente al Estado argentino por estas violaciones.

 

Esta lógica de disminución de los haberes y de empobrecimiento del país ocurre a contramano de la tendencia mundial del último medio siglo. Ya que a nivel global, si bien la riqueza tendió a concentrarse, también hubo una disminución de los índices de pobreza, tal como puede verse el algunos países vecinos.

 

En la década del setenta Argentina tenía alrededor de 4% de pobreza, cincuenta años después, tiene alrededor de 45% de pobreza. 

 

¿Quién logró esta hazaña digna de un Rey Midas al revés?

 

El sistema político, sindical y empresarial que manejó el poder formal y material en Argentina es ese Rey Midas al revés. Es el mismo sistema que hoy opera, en ocasiones con sus mismos protagonistas o con sus herederos, ya sean hijos, nietos, etc. Porque los cargos políticos se hicieron hereditarios.

 

Es muy difícil que este Rey Midas al revés haga respetar los derechos que él mismo viola. Los cotidianos ejemplos de hipocresía que da la clase dirigente lo demuestran

 

En Argentina se reemplazó el pensamiento crítico por el razonamiento motivado, el  pensamiento científico por la creencia fundamentalista. Esto consolida la estructura de miedo e impide ver un horizonte a futuro.

 

En esa lógica, para quienes llegamos a la etapa final de la vida, quedamos atrapados en una tutela forzosa, basada en considerar a la vejez como una minusvalía.

 

Un ejemplo de esto se puede ver en la discusión actual en torno a la Movilidad Jubilatoria. Las fórmulas que se discuten en el Congreso con tiempos vaticanos no modifican en nada la situación real de los jubilados. Para los 4 millones que cobran la mínima, $18.120, la diferencia entre una fórmula y otra es de $42 o $50 más por día, menos que un café. 

 

Y mientras se discute eso la pandemia avanza, los contagios aumentan y los testeos escasean. La cuarentena sin testeos es como un mate sin agujero.

 

Al no haber pensamiento crítico este estado de cosas continúa. Por eso, ante la pandemia, la única opción que queda es esperar a que pase.

 

Este estado de cosas va a continuar en la medida en que la sociedad continúe siguiendo a una clase dirigente que en nombre de la representación de toda la sociedad solamente defiende sus propios intereses.


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