• 13-Sep-2018
  • CAPACITACION-ACTIVIDADES
Una nueva mirada sobre el Alzheimer

El lunes 17 de septiembre, auspiciado por el Hogar San José de Chacabuco, tuvo lugar la segunda charla del ciclo sobre los Derechos de los Adultos Mayores, a cargo del magister Roberto Orden del Espacio Gerontovida, quien abordó el tema del Alzheimer. El evento tuvo lugar en la Asociación de Jubilados de Chacabuco, y la temática fue difundida por el diario Cuatro Palabras, en una entrevista de Martina Dentella.

El psicólogo y Mágister en Gerontología Roberto Orden aborda con perspectiva de género y humanitaria el debate sobre la problemática del Alzheimer teniendo en cuenta a los pacientes como sujetos de deseo y visualizando a la persona detrás de la enfermedad. En esta entrevista con Cuatro Palabras remarca que es imperioso pensar en la atención integral: del paciente, de los familiares que acompañan y del contexto. Además - entre otras cosas- explica cómo en el contexto familiar, en general, es donde suelen desatarse los conflictos: quién cumple con las tareas de cuidado, quién ayuda y quién se hace el tonto. Hoy a las 16:00 disertará en la Asociación de Jubilados en una jornada que organiza la Dirección del Hogar San José. 

-Normalmente hablás de la problemática como una cuestión de toda la sociedad en su conjunto, ¿en qué sentido?

-Todos los temas del envejecimiento, forman parte de un proceso. Nuestra perspectiva es gerontológica, crítica e integral. La propuesta es, como en otros casos, poder convivir y no analizar las problemáticas de un modo aislado, porque se pierde de vista la cuestión de complejidad. Lo que ocurre en este campo metaforiza lo que ocurre en toda la sociedad. Si afuera nos percibimos con pánico porque el dólar aumenta, al interior de este colectivo también ocurre, pero también suceden otras cosas. 

Las miradas monoculares no terminan de abarcar la problemática que es de todos. Para hacer gerontología no alcanzan los gerontólogos, hacen falta amas de casa, artesanos, poetas, periodistas, hace falta un tejido social en plenitud activo y reactivo y sensible con respecto a los cambios que están protagonizándose, sobre todo en el aspecto demográfico. 

-¿De qué manera podemos relacionarnos con la persona detrás de la enfermedad?

-Pudiendo ver algunas experiencias, sobre todo en otros países, pero me detengo en el País Vasco. Un gran amigo que en algún momento estuvo a cargo de la Sociedad de Geriatría Española, escribió un artículo formidable de divulgación que se llamaba “Si yo tuviera Alzheimer”. Sé que estamos sobrevolando el tema, por eso prefiero hablar de trastornos neurocognitivos que agrupa todas las variedades donde el alzheimer es la patología prevalente. Javier Yaguas lo que dice es “si yo tuviera alzheimer, desearía que me consideraran no solo un síntoma, no solo el trastorno obsesivo compulsivo, no solo memoria, yo soy mucho más. Yo soy emoción, soy historia, soy familia, me gustaría que pudieran ofrecerme cosas quienes me tratan, me gustaría que mis familiares pudieran saber cómo manejarse conmigo y sobre todo me gustaría - por esta cuestión adicta a la proscripción que tienen algunos profesionales- que se me haga conforme un objetivo y que los medios no trastoquen el fin”. Con eso te congrego que las situaciones de ciertas patologías sobre todo en tercera edad, con este preconcepto llama no solo a una perspectiva de género sino a una perspectiva de edad, asimilable a la perspectiva de género, tiene que ver con la atención integral: con la atención al enfermo, a la familia y al contexto. Los familiares necesitan ayudas de distinto orden: económicas, información y sobre todo ayuda psicosocial, apoyo. Y el paciente necesita estimulación, cuidados específicos y una atención que desborde la atención del síntoma y de su memoria. Por eso es importante que la sociedad en general movilice, y no solamente aquellos que estén en situación de crisis, eso tiene que ver con una sociedad colectiva. La humanidad y los Argentinos nos hemos enfrentado a grandes pestes, pero siempre, como diría Charly García, tuvimos algo que decir y algo que hacer. 

-Un jubilado que cobra la mínima, con una enfermedad neurocognitiva depende de una familia que sirve como sostén desde lo económico pero también desde lo afectivo, ¿qué herramientas son necesarias para acompañar?

-Es una problemática compleja. Acotemos que también es asumida de modo prevalente y mayoritariamente por mujeres, lo cual deviene en la locura de esas mujeres, deviene con algo que nombramos como “burnout”, el síndrome del quemado, que no surgió de un médico en terapia intensiva trabajando a mil por hora, surgió de una mujer que cuidaba a un paciente con demencia. Entonces, es tan importante cuidar a los enfermos como cuidar a los familiares. 

-¿En cuánto puede contribuir en el avance de la enfermedad una detección temprana? 

-Sería fundamental y se están dando pasos con tecnologías e investigación. Todavía no existe la solución, lo que sí está comprobando, es que la “sobrevida” del paciente con demencia se ha prolongado de 12 a 15 años, entonces ese está avanzando en las claves genéticas de esta enfermedad y se ha avanzado mucho en las terapia no farmacológicas. Lo que antes era una hipótesis de de investigación que era el concepto de neuroplasticidad, hoy las tomografías, se verifica que hay regiones del cerebro que tratan de asumir la función fallida. Eso nos alienta a todos a seguir profundizando todas las formas de abordaje tradicionales y no tradicionales. 

-¿En qué consisten los tratamientos no farmacológicos?

-Es lo que denominamos psicoestimulación, tiene que ver en principio con todas las funciones que tenemos como atención, memoria, orientación y luego podemos ir a otro tipo de psicoestimulación. Me ha tocado ver situaciones en períodos muy avanzados donde se estimulaba con olores y sabores, creo que lo importante es la idea de que el paciente -institucionalizado o en su casa- requiere de un programa esquemático y diario y que eso no tiene por qué estar hecho por graduados, lo pueden hacer familiares o cuidadores, que son estos actores que en general no saben qué hacer. 

-¿Cómo nos vinculamos con ese familiar que empezamos a desconocer?

-Freud escribe un articulo que se llama Lo Siniestro, donde juega con una palabra alemana, y cómo trastoca esta palabra de “familiar a infamiliar”, podríamos decir que es la génesis del cine de terror o la literatura de terror. Cómo donde esperamos encontrar lo receptivo, lo familiar, lo halagador, lo conocido, aparece de repente lo desconocido. Freud dice “este es el efecto de lo siniestro”, y esto es lo que ocurre en los familiares. Cuánto más en esas mujeres, porque estamos rodeado de esos discursos hipócritas honrando el rol de la mujer, cuando no se le dan los apoyos necesarios, es todo insuficiente. Esa mujer sufre el defecto de lo siniestro, los hijos lo sufren. Aparece el espejo que adelanta, tienen miedo, no quieren saber nada de eso. Se desata toda la conflictiva de la novela familiar, aparecen conflictos a propósito de “el abuelo o la abuela está mal”, y los familiares no convenientes se hacen los tontos: “es cosa de viejo”, primera línea de conflicto. La segunda línea: consultan al neurólogo y luego de estudios confirman la teoría y ¿quién lo cuida?. Tercera línea, “¿cómo me ayudan?”. Ni que hablar de los conflictos que estuvieron guardados y se desatan inexorablemente: todos contra todos. Esto en un marco más grande que señalaba al principio que es la dependencia. El problema de la demencia está inmerso en ese problema. Y la mala noticia es que todavía no estamos peleando por el seguro a la dependencia. 

-Cuando las segundas líneas comienzan a tomar decisiones por los adultos mayores, ¿dónde quedan sus deseos?

Creo que es un elemento central, no solo de los pacientes que imantan tanto que nos capturan y ponen detrás la problemática del total del colectivo, que tiene muchos problemas. La idea del deseo es central en todas las etapas de la vida. La idea un poco audaz que tenemos es que no se trata de que hay un envejecimiento poblacional sino que tenemos que aprender a convivir los distintos grupos. 

Hoy en Europa, se habla de predictores en envejecimiento saludable, que no solo están abocados a lo que alguna astucia la salud colectiva brasileña llamó “la salud persecutoria - que implica evitar estar gordito, evitar el azúcar en sangre, hacer actividad, tengo que tener relaciones sociales- sino que el principal predictor no sea evitar los factores de riesgo, sino que sea “compromiso con la vida” que es querer algo. Cada uno de acuerdo a su historia, idiosincrasia y perspectiva. No imponiéndole ningún otro, lo que el mayor quiera y mucho menos ausentando su libertad. Lo más importante también es la dignidad.


http://www.cuatropalabras.com/articulo/sociedad/nueva-mirada-alzheimer/20180917012458010379.html

Una nueva mirada sobre el Alzheimer
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