• 01-Jul-2021
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Basta de jugar a la ruleta rusa con los Viejos

Dr. Eugenio Semino - Defensor de la Tercera Edad

No es una novedad que el sector de los adultos mayores es el que mayor maltrato material e institucional sufre en nuestro país. Pero desde que comenzó la pandemia la situación del sector, ya sea por acción o por omisión de las autoridades, ha llegado a niveles inusitados de precariedad y sufrimiento. 

 

La economía y la salud, los dos grandes problemas que afronta la Argentina en este momento, tienen como principales víctimas a la tercera edad. Los mayores de sesenta son doblemente vulnerables, al Covid-19 que los mata y a los recortes de haberes que los dejan en la miseria, al punto tal de que se debería empezar a hablar de comorbilidad económica después de los sesenta años. Veamos un cuadro general de la situación.

 

En marzo de 2020 llega la pandemia a nuestro país, se dicta una cuarentena estricta y prolongada para evitar los contagios y salvar principalmente a las personas mayores, que son las más afectadas por la enfermedad. La cuarentena se extiende de manera indefinida y destruye la ya maltrecha economía del país. Con la economía destruida los gobernantes descubren que les falta plata para afrontar los compromisos tanto internos como externos del Estado. Comienzan a realizar cálculos y juegos con los porcentajes, de algún lado hay que sacar la plata. Resultado final: se la sacan a los jubilados. 

 

Y no solamente se trata de la jubilación. El parate económico que impidió e impide trabajar a millones de personas afecta a una parte importante de los siete millones de jubilados, que necesitan salir a trabajar para completarse un ingreso de subsistencia. 

 

Otra situación, a raíz de la pandemia se detiene el funcionamiento del sistema de salud, los turnos se demoran meses o se hacen imposibles de obtener, las prestaciones del sistema se estancan. Contamos los muertos que figuran como contagiados de Covid-19, pero no tenemos, ni vamos a tener, un registro de las muertes indirectas, de quienes interrumpieron un tratamiento o no recibieron el diagnóstico o la operación que necesitaban a tiempo. ¿Qué grupo etario es el más afectado por este problema? Los mayores de sesenta años. 

 

Veamos ahora el tema de las vacunas. ¿A quiénes les correspondían todas las dosis que fueron distribuidas entre amigos y militantes? Y mientras las vacunas no llegaban por torpezas y malos manejos en las negociaciones con los laboratorios, ¿quiénes continuaron representando el porcentaje más alto de fallecidos? 

 

Hay que ver la progresión de la cifra de muertos por Covid-19 desde febrero a la fecha para comprender lo que puede costar la negligencia estatal. Y el problema no está resuelto. Hoy hay más de tres millones de personas mayores con una sola dosis a las que se les va venciendo el plazo estipulado para para recibir la segunda. 

 

Quedarse encerrados por un tiempo indefinido, con veinte mil pesos por mes,  escuchando noticias angustiantes y esperando una vacuna que no llega.  La situación de las personas mayores desde que comenzó la pandemia se parece una perfecta postal del desamparo. 

 

Puede ser el Covid-19, o una enfermedad no tratada durante el último año y medio, la miseria o la depresión, o los mil peligros que se derivan de una y otra. Las autoridades argentinas no solamente le piden a los mayores que jueguen a la ruleta rusa, sino que también les van poniendo más balas en el revólver.


 

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